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“12% de los hogares con emigrantes corresponden al estrato más pobre”

El Pitazo

Por: Johanna Osorio Herrera
Foto: Vanessa Tarantino

La diáspora venezolana se diversifica. En los últimos dos años ha emigrado el 80% de la población total de los criollos en el exterior, de ellos, casi un tercio sólo alcanzó el bachillerato o no lo completó, determinó la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana (Encovi).

El resultado varía la tendencia que se había registrado hasta ahora, según la cual no solo migran los jóvenes profesionales. Pero no es la única sorpresa de la Encovi: 12% de los hogares con emigrantes corresponden al estrato más pobre de la población.

Luis Pedro España, sociólogo de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), profesor e investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la UCAB, explica que este resultado obedece al avance de la crisis económica.

.—Encovi determinó que han migrado 1.400.000 venezolanos, cifra que otras encuestadoras estiman en 4 millones. ¿Cuál es el número real de venezolanos que se han ido del país?
—La Encovi hace esta medición con una pregunta muy precisa: Durante los últimos 5 años, desde junio de 2012 hasta junio de 2017, ¿alguna persona que vive o vivía con ustedes en este hogar se fue a vivir a otro país? Sí la respuesta es sí, les preguntamos cuántos. Delimitar el cálculo al hogar nos garantiza que el encuestado sólo contará a las personas que viven con él, y no en otras casas. Encovi determinó que entre 2012 y 2017, emigraron alrededor de 815.000 venezolanos. Entre 1990 y 2015, las estimaciones hechas por la Organización de Naciones Unidas establecieron que 606.344 venezolanos residían en el exterior. Entonces, si sumamos ambos resultados obtenemos que de Venezuela se han ido 1 millón 421 mil venezolanos desde 1990.

En Encovi no contamos la migración de familias completas, pero las estadísticas establecen que este segmento podría corresponder a 10% de la cifra total de emigrantes, por lo que la suma puede ascender a 1 millón 600 mil. Parece poco, porque en los últimos dos años hemos visto irse a mucha gente. Y tiene una explicación:

78% de los que se fueron, lo hicieron entre 2016 y 2017. Por eso sentimos que se ha ido muchísima más gente de la que realmente ha partido.

—¿Cuál es el perfil del emigrante de estos últimos dos años? ¿Realmente los venezolanos se van a otros países a lavar pocetas, como increpó Nicolás Maduro?
—No, y discursos como ese no se explican. La verdad es que no se está yendo lo mejor de la sociedad, en todos los sentidos. Se están yendo los que quieren trabajar y echarle bolas. Esa es la verdadera desgracia. Los profesionales que se han ido están emprendiendo y buscando continuar con sus carreras afuera, y los emigrantes de estratos más bajos están buscando trabajos manuales. Pero todos tienen en común las ganas de trabajar.

También es cierto que eso puede representar un problema para los países receptores, porque cualquiera sea la actividad en la que se están insertando los venezolanos, están presionando el mercado laboral de otro país. Las medidas que tomen estas naciones dependerán de su capacidad económica. Por ejemplo, actualmente Colombia es el principal destino de los venezolanos que se van, y Cúcuta está padeciéndolo. Este fenómeno ha incrementado el desempleo y ha provocado la caída de los salarios reales, del sistema de salud. En cambio, para Chile la llegada de venezolanos puede representar una oportunidad para crecer como país. Igual en Perú, que ya nos incluye en sus encuestas de hogares peruanos. Esto dependerá de la capacidad de cada país de la región.

—¿Que el destino predilecto sea Colombia, se debe a la cercanía? ¿Obedece a otros factores? ¿Qué considera el venezolano cuando escoge hacia dónde emigrar?
—67 % de los venezolanos que emigran lo hacen por motivos económicos. Salen buscando un trabajo que les genere el ingreso que no perciben en Venezuela. Suelen, sobre todo en los estratos más bajos, irse con muy poco dinero. Esto alcanza, usualmente, sólo para destinos a los que puedan llegar por vía terrestre. Colombia está cerca, y su sueldo mínimo alcanza los 350 dólares, que es mucho en contraste con el sueldo venezolano.

Hace tres años, Encovi preguntó: si usted tuviese la oportunidad de irse, ¿lo haría?. Seis de cada 10 dijeron que sí. Cuando preguntábamos si lo pensaban realmente, si realmente tenían una planificación para emigrar, la cifra se redujo a tres de cada 10. Esta respuesta siempre depende de la situación de cada emigrante.

Una vez, conocí en Colombia a un maracucho que trabajaba con Uber. Me contaba que él y su esposa habían emigrado juntos y para lograrlo habían vendido su apartamento en 1.500 dólares. Una propiedad en 1.500 dólares. Eso les alcanzaba para cubrir gastos esenciales poco tiempo, pero asumieron el riesgo. ¿Por qué? Porque mientras peor es la situación económica de una persona, hay más posibilidades de que se aventure. El venezolano emigra buscando más oportunidades para ascender.

Habla de estratos más bajos. ¿Cómo es la distribución de emigrantes de acuerdo a este aspecto?
—Aquí se ha ido todo el mundo. En la Encovi analizamos por quentil (corresponde a la quinta parte de una población y sirve para diferenciar la distribución del ingreso), y la encuesta comprobó que 35 % de los hogares con emigrantes corresponden al quentil 5, el que tiene más recursos. Luego, la distribución es más pareja, y nos conseguimos con que 12 % de los hogares donde vivían personas que emigraron forman parte del quentil 1, el estrato más pobre.

Tampoco hay una tendencia por segmentación político territorial. La dinámica social no tiene nada que ver con si eres andino o maracucho. Si bien, esperábamos más concentración de emigrantes en las zonas urbanas, nos encontramos con que 33 % de los viajeros vivían en la Gran Caracas, 22 % en ciudades principales, 19 % en ciudades medianas y 21 % en ciudades pequeñas y caseríos. Este último es un poco más alto porque está relacionado a zonas fronterizas.

—¿La oleada migratoria ha provocado también el incremento de remesas a Venezuela?
—Esta medición no es sencilla, porque, por seguridad, muchos hogares ocultan que reciben divisas. El encuestador es un extraño al que no quieres decirle que te envían dólares o euros desde otro país. La Encovi determinó que 9,7 % de los hogares son receptores de remesas, pero se estima que la cifra asciende a 17 %. Este porcentaje (basado en 1 millón 400 mil emigrantes) equivale a unas 238 mil personas que envían remesas hacia Venezuela. Si pensamos en una suma bajita, y calculamos que cada uno envía 100 dólares mensuales a su familia, tenemos que anualmente ingresan al país 285 millones de dólares sólo por remesas a familiares. Esto equivale, al menos, a 10 % del ingreso por exportación de petróleo. Entonces, las remesas serían el segundo mayor ingreso de divisas a Venezuela. Este patrón es común en países pobres, como El Salvador o Haití, donde las remesas representan el ingreso más alto de la nación.

¿Quiénes se fueron regresarán?
—La posibilidad de que regresen depende del tiempo que tengan fuera del país. ¿Por qué? Porque comienzas a hacer tu vida. En 6 meses todavía estás adaptándote. Pero en 5 años, quizá ya tienes novia, esposa, hijos, una rutina. Cada año que pases afuera, es menos probable que retornes. Si en Venezuela ocurre un cambio este año, podríamos recuperar a muchos de los habitantes que se fueron entre 2016 y 2017 (80 % de los emigrantes desde 1990)..

—Según sus mediciones, todavía se mantiene mucha gente en Venezuela. ¿Por qué no emigran? ¿El venezolano mantiene la esperanza?
—La mayoría de los que se van tienen menos de 35 años. Son jóvenes que quieren trabajar, ascender y ayudar a sus familias. Los que se quedan suelen ser personas mayores, con propiedades, que prefieren cuidar su patrimonio. Sin embargo, sí existe un grupo de gente joven que no emigra. ¿Qué podría impedir que alguien entre 25 y 35 años no se vaya del país? Existen muchos factores: temor o poca tolerancia al riesgo, provienen de familias más conservadoras o están muy comprometidos con el país. Estos últimos creen en la posibilidad de un cambio, y sostienen que, si esta situación cambia, el primero que gana es el que se queda.