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AFP: La violencia en Venezuela se ensaña con los más jóvenes

EL NACIONAL | ALEXANDRA BLANCO

By AFP
24 DE MARZO DE 2017
Dos niños en abandono presuntamente implicados en el homicidio de dos militares, cientos de adolescentes muertos: como víctimas o victimarios, la violencia criminal en Venezuela se ensaña con los más jóvenes.

En la madrugada del domingo pasado, cuando salían de un bar en el este de Caracas, los sargentos Andrés Ortiz, de 23 años, y Yohan Borrero, de 26, murieron apuñalados al resistir un supuesto asalto.

Por este caso fueron detenidos cinco menores: tres adolescentes a quienes la Fiscalía acusó de “homicidio calificado”, y dos niños de ocho y 12 años que permanecen “en una entidad de atención” a la infancia, según el organismo.

Todos vivían en la indigencia y presuntamente integraban la pandilla de “Los Cachorros”, aseguraron a la AFP comerciantes y un joven indigente de la zona que dijo conocer a uno de los niños.

Tras arrebatarles un bolso, los menores ordenaron a los militares -desarmados y vestidos de civil- no seguirlos, relató a la AFP Yulimar Borrero, hermana de Yohan. Pero los militares ignoraron la advertencia y “se encontraron con varios niños más y les entraron a puñaladas (a los sargentos). A mi hermano prácticamente lo degollaron. A su amigo le dieron en el corazón”, agregó Yulimar.

Cuatro días antes, Pablo Yánez, de 66 años, era asesinado a machetazos supuestamente por cinco adolescentes de entre 15 y 17 años, a quienes sorprendió robándole un racimo de bananos en El Hatillo (este de Caracas).

Pablo Yánez, hijo de la víctima, aseguró a la AFP que su padre solo pidió a los muchachos que salieran del cultivo y “se lo tomaron a mal”. Fueron arrestados por militares, añadió.

Víctimas de abandono

Los menores involucrados en este tipo de casos “son víctimas del abandono y de la violencia de la calle, por eso su respuesta es tan dura”, declaró a la AFP el sociólogo Roberto Briceño, director del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).

“Han debido convertirse en adultos prematuramente para sobrevivir, a veces matando”, sostuvo. Venezuela es uno de los países con mayor índice de homicidios del mundo (91,8 por cada 100.000 habitantes, diez veces la media mundial), según el OVV, que asegura que el fenómeno afecta especialmente a los más jóvenes.

De 28.479 muertes violentas registradas en 2016, 9.967 correspondieron a menores de 21 años y 854 a menores de 15. Los jóvenes también son los más propensos a delinquir: 72% de los infractores tiene menos de 35 años, y casi la mitad de ese grupo, entre 20 y 24.

“Ha disminuido la edad en que se incorporan al delito y ha aumentado la violencia que ejercen”, afirmó Briceño. Todo ello en medio de un dramático deterioro socieconómico que, según estudios de un grupo de universidades, disparó la pobreza y la pobreza extrema a 81,8% de los hogares en 2016.

El gobierno sitúa esos indicadores en 18,3% y 4,4%.

“Ojalá los ayuden”

En el bulevar de Sabana Grande, muchos conocen a “Los Cachorros”. “Se la pasan aquí. Afuera de esta tienda, una vez un barrendero le pidió a uno que se moviera para limpiar. Como no quiso, él lo apartó. Por eso, lo hirió con un cuchillo en la cabeza”, contó a la AFP el encargado de un comercio, cerca del bar donde murieron los sargentos.

“Piden comida, viven en la calle o en edificios invadidos. Roban las tiendas a cada rato. Son como 30 niños. Desde lo que pasó, no han vuelto”, dijo otra vendedora. El abogado y criminalista Fermín Mármol afirmó que los niños de la calle -que sólo en Caracas cifra en 3.000- “no tienen otro camino que el delito violento para defenderse”, tras un pasado de maltrato y abuso.

“Pueden matar o morir por cualquier banalidad”, complementa Briceño. Pese a la cotidianidad de la violencia, el caso de Sabana Grande tuvo amplia repercusión en el país, donde algunos recordaron una promesa del fallecido presidente Hugo Chávez (1999-2013) de acabar con la indigencia infantil.

Para ello, en 2008 creó la Misión Niños y Niñas del Barrio. Aunque desgarrada, Yulimar dice no guardar rencor por quienes dieron muerte a su hermano. “Esto me parte el alma. Ojalá los ayuden; no quiero imaginar quiénes serán cuando tengan 20 años”.