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Control informativo infructuoso

por MIGUEL BAHACHILLE M.

El Universal 

El dominio elitista de todos los espacios ins­titucionales es la obsesión más ape­te­ci­da por las mentes autoritarias. Bien saben que en democracia la discusión honesta y frontal de los conflictos con demás actores del estamento político implica resistencia, disconformidad y, por qué no, también aqui­escencia. La discusión cívica lograda a al­to costo a partir de 1958 pretende ser desar­mada por quienes hoy, y eventual­men­te, controlan el gobierno. Incluso se sobre­saltan con gestos despectivos y vio­len­tos cuando son exigidos a honestar las pau­tas innegociables de toda democracia como, por ejemplo, el sufragio popular.

El régimen comete un grave error, sobre to­do desde el punto de vista estricta­men­te político, al suponer que puede limitarse la información que “los jefes” consideren “ten­denciosa”. La gente rechaza cualquier res­tric­ción informativa, sobre todo cuan­do está referida a denuncias que se iden­ti­fi­can con el contexto social de la mayoría. Prohibir reseñas sobre las colas; no referir el número de homicidios; negar la escasez o inflación; desmentir el colapso de la infra­estructura; omitir la crisis hospi­ta­la­ria, de nada servirá a los estadísticos ofi­cia­listas que siguen ostentando un socia­lismo “que goza de apoyo popular”.

Tampoco sirve la prédica de una estirpe de marxismo distributivo al estilo CLAP o Car­net de la Patria para controlar cons­cien­cias mientras existan niños y adultos co­miendo de las basuras y la tasa de homi­cidios haya registrado un incremento de 1,8% en comparación con el año 2015 (Ob­ser­vatorio Venezolano de Violencia). De acuerdo al informe de esta ONG, el 2016 cerró con la cifra de 28 mil 479 muer­tes violentas frente a los 27 mil 875 ho­mi­cidios del 2015. Es decir, 10 ase­si­na­tos cada tres horas.

Ante esa sombría realidad, la cofradía cha­vista insistida en gruñirse como revolucio­naria, ya no tiene cabida social. Fracasó no sólo en los hechos, también en su fantasía. Tomemos el caso de la seguridad. La cuota de violencia que logra divulgarse en los me­dios y la que ocurre ante nuestros ojos, no puede ser ocultada. ¿Cómo se concilia esta feria de violencia diaria con la in­ten­ción de presentar una imagen de armonía so­cialista? Las contradicciones dentro del go­­bierno son tan evidentes que se les “ha­ce forzoso” atribuir la debacle a ter­ce­ros e intimar a la opinión pública para “que crea” que los culpables son el impe­rio; la derecha; antes Obama y ahora Trump. Ellos son “los malos” y no­so­tros por socia­listas, “los buenos”. Ese ideal reduccio­nista, tampoco tiene cabida nacional. Veamos los números:

La encuesta Datanálisis (Nov. 2016) refleja que 8 de cada 10 venezolanos quiere cam­bio de gobierno. El apoyo a la gestión del pre­sidente Maduro cayó a 19,5%. El 78,5% de­sa­prueba su “obra administrativa”. El 95,1% califica como negativa la situación del país. Por otra parte, la encuestadora Del­phos (Ene. 2017) señala que la popu­la­ri­dad de Maduro está por debajo del 10%. Su director, Félix Seijas, indicó que es muy di­fí­cil redimir esa cifra. Así el aparato ofi­cial de fabricación de noticias con auxilio cu­bano, de nada servirá para encubrir la afligida realidad. El control elitista queda una vez más al desnudo junto con sus de­nun­cias para cargar la debacle a “los otros”.

El colapso del puente El Guanape, en La Guai­ra, es fiel ejemplo del actual “desarre­glo administrativo”. No fue desidia en su man­tenimiento, fallas de construcción, so­bre­carga no controlada, insuficiencia de la ca­pacidad portante de la estructura, baja ca­lidad de los componentes estructurales. ¡No!, fue “sabotaje”, según dijeran a priori el gobernador Jorge Luis García Carneiro y el ministro de Transporte y vicepresidente del Servicio y Obras Públicas, Ricardo Mo­li­na. Lo único cierto es que el puente co­lap­só.

La afluencia masiva de noticias no es ma­teria que pueda controlarse sólo por una élite gubernativa como sucedía hasta hace poco. Hoy es imposible institucionalizar la tram­pa informativa. Más del 80% del país sa­be lo que sucede porque padece las se­cue­las de una gestión de gobierno sellada por la inutilidad, impostura y corrupción. El cambio del actual estatus político sólo es posible mediante el sufragio demo­crático. Todo lo demás es fantasía inútil.

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@MiguelBM29