Portada / NOTICIAS OVV / En Venezuela la justicia divina reemplaza a la del Estado

En Venezuela la justicia divina reemplaza a la del Estado

Prensa OVV Mérida

Cinco años acaban de cumplirse del asesinato de Karen Berendique, hija del Cónsul de Chile en Maracaibo. Karen tenía 19 años cuando murió a manos de funcionarios policiales que sin mediar palabra dispararon indiscriminadamente contra la camioneta en la que ella y su hermano se dirigían a un cumpleaños, el 16 de marzo del 2012.

Mucho podría comentarse sobre esta forma de actuar de los funcionarios policiales, quienes a entender del hermano y acompañante de Karen esa noche, “actuaban más como si quisieran secuestrarlos que como si fuera una alcabala de vigilancia”.

Pero más allá de estos detalles, hay uno que llama la atención: Fernando Berendique, padre de la víctima, después de un lustro de su pérdida, expresó en una entrevista al diario El Impulso, que acepta la condena de los asesinos de su hija, “simplemente porque estoy en Venezuela. Yo sé que la justicia de los hombres no es exacta, no es infalible. Yo creo más en la justicia divina”.

¿Qué significa creer en la justicia divina? ¿Será acaso este el único consuelo que le queda al padre de una hija asesinada y cuyos otros hijos tuvieron que irse del país por las constantes amenazas para que no declararan en el juicio por el homicidio de su hermana, a pesar que los homicidas de su hija fueron sentenciados por los tribunales correspondientes?

La justicia divina que se cierne como parte de las creencias religiosas de una población, fue una manera de control social en sociedades primitivas donde el estado social y democrático de derecho no se había constituido ni expandido como en la actualidad; en esas sociedades donde el sistema jurídico era representado por una venganza particular o general, cuya ejecución comprometía el resarcimiento de la afrenta a la divinidad. Así, quien robaba al pueblo robaba a Dios y en consecuencia, cortarle la mano era reponer no el bien del pueblo, sino restituir el respeto a Dios.

El miedo a Dios fue una forma de controlar. Pero al mismo tiempo, una esperanza para el desprotegido y el indefenso. Esperanza de protección que luego cristalizó en un sistema jurídico y social de derecho que le debía brindar protección, seguridad, paz y equilibrio a la población.

Y cuando el estado falla en proporcionarles estas garantías a la población no hay más opción que refugiarse en la religión. Es, en esencia, la esperanza de los caídos

Cuando no se confía

Diferentes encuestas señalan que la población ha perdido la confianza en los organismos de seguridad. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2015 (ENCOVI), en su sección sobre seguridad ciudadana, constató que 74% de la población no se siente protegida por la policía.

Por su parte, en la Encuesta de Victimización y Percepción de Seguridad Ciudadana aplicada por el equipo del Observatorio Venezolano de Violencia, Mérida (OVV Mérida), coordinado por el profesor de la Universidad de Los Andes, Freddy Crespo, la gestión de la policía municipal y estadal en el municipio Libertador del estado Mérida, fue valorada negativa por más de 60% de los encuestados, valoración que es más negativa cuando se trata de organismos policiales con funciones especiales como Cicpc., DIM, GNB, entre otros.

Por otro lado, las instituciones de justicia tienen una valoración igualmente negativa para el ciudadano. La justicia, en sí, no existe o es inaccesible como ideal. Tribunales civiles o penales para dirimir conflictos entre ciudadanos, tienen una valoración negativa de su gestión que llega a 85%, según la referida encuesta.

“Es por esta razón, que las personas no denuncian los delitos de los que son víctimas y, en consecuencia, el subregistro delictivo y su cifra negra es cada vez más alto”, comentó Crespo al respecto.

Según el investigador, esta pérdida de confianza genera el sentimiento de desprotección ciudadana, el cual al mismo tiempo produce retraimiento social y la expresión colectivizada de la violencia expresada en linchamientos, como una forma de autodefensa o justicia real para el ciudadano.

La justicia Divina

En el retraimiento social, las percepciones religiosas suplen a las garantías constitucionales y al estado formal de derecho. Es, un consuelo que alimenta y equilibra la psiquis afectada de las víctimas de la violencia. Así lo constató en un estudio especial el OVV Mérida, analizando las percepciones sociales que los familiares de víctimas de homicidios tenían sobre el contexto y la trama social en la que se desenvuelven. Se entrevistaron a dos madres de víctimas asesinadas entre septiembre del 2016 y enero del 2017 en el estado Mérida.

Algunas de sus expresiones:

“…A mi hijo fueron los tiros de la desgracia, porque no eran para él, pero bueno así lo quería Dios”. Caso 1. Madre de víctima de 22 años, asesinado en el sector Los Curos, municipio Libertador, Mérida, el 26 de diciembre 2016.

“Uno a estas alturas no debe tener rabia, tiene que pedirle a Dios, pedirle a Dios que les perdone lo que está haciendo esa gente”. Caso 2. Madre de dos hijos asesinados (de 33 y 23 años) en septiembre del 2016 y en enero del 2017 en Ejido, municipio Campo Elías, Mérida.

“¿Qué quisiera que le pasara a ellos? Bueno, solamente Dios sabrá que irá a pasar con ellos, pero yo no le deseo mal, porque el que le desea mal a otro, a otra persona, le va mal. Yo no le deseo mal a nadie.” Caso 2.

“De hecho fue un CICPC que me dijo que tenía que presentarme en la mañana, para dar la declaración, para ellos darme el papel y poder que me lo entregaran (…) Si no fuera sido por eso, ni al CICPC me fuera asomado (…) Porque no, hoy en día sinceramente uno a veces no se confía en la Ley (…)”. Caso 1.

De acuerdo a Crespo, los casos estudiados acuden al consuelo religioso, a la idea que el azar de la injusticia formal no es tal, pues está controlado en el plan de Dios, como una forma de equilibrar la desesperanza social que sufren y la desconfianza en esta justicia. No hay un sentimiento claro de venganza directa para el victimario de sus hijos, ya que la confianza está puesta en el plan de Dios.

Estas percepciones toman base en una construcción generalizada de un sistema de justicia que actúa con altos niveles de ineficiencia, generando niveles de impunidad elevados, en particular para el delito de homicidio. Al mismo tiempo estas percepciones simbolizan el fracaso del estado venezolano como promotor de la justicia social, pues al final de cuentas, la única esperanza de los familiares de víctimas de homicidio es que la justicia divina llegue a castigar a los culpables.

Implícita y explícitamente estas construcciones sociales expresan la negación del Estado como garante de la seguridad, paz y equilibrio social del venezolano. La evolución social llevó al hombre en sociedad a sustituir el estado natural y la justicia divina por un estado social de justicia y derecho. Pero la inefectividad en materia de seguridad, al menos, vuelve a enterrar al Estado y a la sociedad en las frías cavernas de la incertidumbre, la anarquía y la injusticia. Allí, ¿será suficiente Dios para protegernos?