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Huérfanos por partida doble

Efecto Cocuyo

FERNANDO PEREIRA* | @CECODAP | @FERNANPEREIRAV

“Asesinaron a puñaladas a un médico en su consultorio”, fue uno de los titulares con los que amanecimos a mediados de agosto. Para la mayoría queda como una víctima más de una larga lista.

René Toro Alzaigar, ginecobstetra de la clínica Las Ciencias en Los Chaguaramos, había egresado de la Escuela Razetti de la UCV hacía 30 años. Las investigaciones indican que fue víctima del hampa común que buscaba apoderarse de equipos en su consultorio.

Cientos de niños vinieron al mundo gracias a Toro; paradójicamente hoy deja 3 hijos huérfanos, de 10, 8 y 6 años.

21.752 personas, la mayoría hombres, murieron violentamente durante 2016 según cifras del Ministerio Público. ¿Cómo proteger a los familiares de víctimas de la violencia armada?

Verónica Zubillaga publicó en Efecto Cocuyo: “Si asumimos que estas personas tenían como mínimo, una madre y una pareja o un hijo, eso significa –de manera conservadora–que solo en un año tenemos 60.000 sobrevivientes de la violencia armada.”

Calculamos 20.000 niños y adolescentes huérfanos de la violencia nada más en el 2016. Ciertamente hubo niños y adolescentes muertos víctimas de homicidios que no tenían hijos; pero muchos en la lista tenían más de uno. Un contingente aunado por el dolor, la frustración y la rabia.

¿Cuántos quedan desprotegidos?

El número de huérfanos por la violencia en Venezuela es desconocido. Miles de niños como los hijos de René han quedado sin padre, sin madre o sin ambos, víctimas de la violencia. Algunos, incluso, han presenciado los crímenes y esa marca les quedará para toda la vida.

Es importante señalar que la falta de estadísticas sobre los homicidios incide en el desconocimiento del número de víctimas secundarias, tal como lo señala el experto Roberto Briceño León: “El Estado venezolano no cuenta con una política de atención a los niños huérfanos por la violencia. El apoyo, cuando llega, es de forma tardía. La desatención específica de los hijos de personas asesinadas forma parte de un círculo vicioso”.

La orfandad siempre es dura y cuando es producto de un asesinato, hay una atribución de culpabilidad que puede generar sentimientos de venganza. Estos niños no tienen quien se ocupe de ellos.

¿Cómo apoyarlos?

Es una población que necesita afecto y protección. Por su condición de niños no saben cómo manifestar su dolor. Podemos apoyarlos con abrazos, comunicándole que los queremos, que no están solos, que entendemos que no quieran hablar sobre lo que está pasando; pero hay que hacerles saber que cuando lo deseen estaremos dispuestos a escucharlos.

En este tipo de muertes trágicas, la rabia está presente. Suele ser parte del duelo; pero en estos casos es mayor. A veces ni siquiera entienden lo que ha pasado. Tener que aceptar la impunidad y en no pocas situaciones vivir con el miedo y las amenazas cuando fueron testigos directos. Nos cuesta aceptar que, por causa de una pérdida, nuestros hijos se tornen agresivos u hostiles. Esas reacciones son la forma de expresar su rechazo por la pérdida. Es importante hacerles saber que entendemos que sientan rabia por no poder recuperar al familiar fallecido. Hay que hacerle ver que lo que sucedió no es su culpa. Pueden sentirlo porque no pudieron evitar lo ocurrido.

Suele pasar que el niño se aferre al familiar o persona que quedó a su cargo pues teme que le pueda pasar lo mismo que a su padre. Hay que hacerle sentir que eso no va a pasar y apoyarlos para que procesen sus miedos. El apoyo profesional puede ser útil en este proceso, lamentablemente no contamos con servicios de este tipo al alcance de todos.

Amén del fundamental apoyo psicológico y emocional; la ausencia de programas de apoyo socio-económico deja a muchos de estos niños sumidos en la desprotección y pobreza.

La violencia es una enfermedad

Devora el alma del país. Constituye un problema de salud pública que requiere una política para abordarla en toda su dimensión. Mientras no se comience por reconocer sus consecuencias y dimensiones seguirá siendo visto como un tema del azar o la mala suerte de algunas personas. Mientras así sea esos niños seguirán siendo huérfanos de padres y huérfanos de la protección y atención que el Estado les negó. Les tocará sufrir la segunda y más injusta orfandad.

*EDUCADOR. FUNDADOR DE CECODAP