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Informe del OVV sobre las muertes violentas de la juventud

Al celebrar este año el Día de la Juventud, los equipos de investigación de las universidades nacionales que integramos el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) queremos señalar con dolor que los jóvenes de Venezuela no están muriendo por la Independencia de la Patria, como ocurrió en esa Batalla de La Victoria el 12 de febrero de 1814, sino en las calles y el transporte público, no por las guerras sino por la violencia cotidiana, víctimas del delito y la desprotección. Cada semana en Venezuela mueren más jóvenes víctimas de la violencia que los que fallecieron en la batalla que hoy se conmemora.

La gran mayoría de las víctimas de la violencia en Venezuela son jóvenes. De las 28.479 muertes violentas del año 2016, nuestras estimaciones indican que 21.643 personas tenían menos de 35 años de edad, es decir, un 76% del total de fallecidos.

En el año 2016 fallecieron 9.967 jóvenes menores de 21 años, como resultado de la violencia. Fueron 27 fallecidos cada día del año. De ellos, 854 tenían menos de 15 años, esto significa 2 menores de 15 años asesinados cada día.

Y la mayoría de esos jóvenes que tuvieron una muerte sin gloria son hombres: cerca de 9 de cada 10 víctimas son varones, y aunque ha aumentado la proporción de las mujeres, todavía es muy amplia la diferencia.

Esos hombres jóvenes son también pobres. Si bien la criminalidad afecta a todos los sectores sociales, son los habitantes de los sectores populares del país quienes más padecen las muertes violentas; en contextos de pobreza, la vida del joven está siendo regulada y sometida por el miedo, la injusticia y el abuso. Una gran cantidad de estos jóvenes son también padres que han dejado a sus hijos huérfanos.

Las dos grandes fuentes de integración de la juventud a la sociedad: la educación y el trabajo, se han visto debilitadas como mecanismos de esperanza en el futuro. Una parte importante de la juventud abandona el sistema escolar entre los 11 y los 15 años de edad, 2 de cada 5 jóvenes no asisten regularmente a un centro de educación, en el momento en que se necesitaría un mayor esfuerzo para que permanezcan estudiando, no sólo por los conocimientos y destrezas que adquirirán, sino por la integración social y normativa que les ofrecerá la escuela.

Y los jóvenes que salen del sistema escolar no logran integrarse al mercado de trabajo, no hay las oportunidades suficientes y las remuneraciones no resultan atractivas. El empleo formal ha sido destruido como un camino honorable y prometedor para la juventud. Esto nos coloca al frente de una importante cantidad de jóvenes, un 31%, que constituyen unos verdaderos “ni-ni”: ni trabajan ni estudian, y son, por lo tanto, el caldo de cultivo propicio para el reclutamiento criminal y para ser víctimas vulnerables de la violencia.

Los jóvenes, además de ser el sector más vulnerable a ser víctima de la violencia, también son los más propensos a delinquir y convertirse en potenciales victimarios. Según nuestros registros de monitoreo de prensa, un 72% de los victimarios tiene menos de 35 años, y casi la mitad de este grupo posee entre 20 y 24 años, representando el 32%.

El cambiante mundo contemporáneo ofrece muchos atractivos sociales y tecnológicos a la juventud, las aspiraciones para acceder a ellos y consumirlos se incrementan continuamente, pero el empobrecimiento generalizado en Venezuela hace que exista una brecha inmensa entre lo que se quiere y lo que se puede alcanzar. ¿Puede acaso un joven pensar que trabajando honestamente podrá alimentarse bien, pagarse sus estudios o comprarse una casa o un carro? Ante esos dilemas, aunque la mayoría de los jóvenes persiste en el estudio y el trabajo honrado, a unos los tienta ingresar al mundo del delito y a otros abandonar el país.

La acumulación de más de una década de muy altas tasas de homicidio está alterando la tradicional composición etaria y de sexo de la población. Al reducirse el número de hombres jóvenes se genera un impacto demográfico que afectará las condiciones del progreso y el desarrollo en el futuro del país.

Los equipos de investigación de las universidades nacionales que integramos el OVV -UCV, ULA, UDO, UCAB, UCAT, UCLA- mostramos nuestra preocupación por la violencia que padece la juventud venezolana y reiteramos nuestro esfuerzo social y académico por la defensa del derecho a la vida y la libertad de la juventud.

Exigimos políticas y programas públicos que reconozcan a los jóvenes como sujetos de derechos, agentes fundamentales del desarrollo y como personas corresponsables en el ejercicio y defensa de los derechos y libertades de todas las personas. Reiteramos nuestra esperanza en una juventud cuya vida no esté sometida a la violencia, sino aferrada a sus sueños de un futuro de paz, trabajo y conocimiento.

OVV y sus sedes en Bolívar, Lara, Mérida, Región Capital, Sucre y Táchira
12 de febrero 2017