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La violencia como trabajo y dentro del trabajo

por María Gabriela Vázquez

Pasante-UNICA Prensa OVV Mérida

Llega carnaval y con este feriado, las Ferias del Sol en Mérida. También acontecen hechos que tienen un carácter bastante simbólico en cuanto al significado social e institucional que difunden. Como cada carnaval, los estacionamientos del Núcleo Liria, de la Universidad de Los Andes, son vulnerados por sujetos ajenos, o no, a la universidad cuyo fin es utilizarlos como estacionamiento de alquiler para quienes asisten a las corridas de toros.

Pero, ¿qué tiene de particular este hecho? La existencia de la comisión de un delito: el de peculado de uso, pues se utilizan las instalaciones de una institución pública para el lucro de privados. Además, el delito en sí no llama la atención, si no los llamados constantes del rector de esta casa de estudios, Mario Bonucci, para que las autoridades regionales y municipales tomen cartas en el asunto.

Nadie hace nada. El gobernador de la entidad, Alexis Ramírez, alega que siendo la universidad autónoma haga uso de su vigilancia para evitar tales hechos. El Alcalde del municipio Libertador, Carlos García, a través de redes sociales, como acostumbra, exige al gobernador el cumplimiento de un decreto que su despacho emitió prohibiendo la circulación vehicular por la avenida que da acceso a la plaza de toros Román Eduardo Sandia. Como en otras ocasiones, manifiesta su incompetencia para ejercer su autoridad.

Otros hechos similares pueden mencionarse y que en las últimas tres semanas han implicado un ataque directo en contra de la universidad. El primero, ocurrió en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas cuando un profesor electo como decano en el año 2008, fue sancionado en 2011 por la Contraloría General de la República y para evitar dicha sanción se jubiló, designándose por el Consejo de Facultad una decana encargada. Este profesor volvió después de cinco años con orden judicial que lo reasigna al cargo. Pero irrumpe de manera violenta, haciendo daños patrimoniales a las instalaciones universitarias y además, alegando que de no asumir la sentencia la violencia seguirá.

También días antes, en los núcleos del Táchira y Trujillo, grupos armados irrumpieron disparando, lesionando personas y bienes de la universidad, robando a personas y a la universidad; hasta intentando quemar la sede del vicerrectorado del Núcleo Universitario Rafael Rangel, de la Universidad de Los Andes en Trujillo. Al igual que otras ocasiones, estos grupos armados ingresaron a la universidad pasando al lado de los funcionarios de los organismos de seguridad y con el rostro descubierto volvieron a salir sin ser ni siquiera perseguidos o cuestionados por los funcionarios policiales.

Lo anormal se hace normal

¿Qué tienen en común estos dos sucesos? Que a pesar de lo público de ambos, nadie fue sancionado. Ni penal ni administrativamente. De hecho, la policía municipal y estadal en Mérida hasta custodian las entradas de los estacionamientos violentados y coordinan la circulación por la avenida en la que está prohibida la circulación. Además, la presencia es simbólica, pues a pesar del operativo de seguridad, los hurtos y robos son una constante en ese lugar y en las demás zonas calientes de la ciudad. Ni hablar de los homicidios.

Entonces: ¿qué ocurre? ¿Por qué las autoridades competentes, no ejecutan su autoridad y hacen valer la ley y sus propios decretos? ¿Por qué los llamados de apoyo de parte del rector de esta Bicentenaria Casa de estudio parecen no hacer eco en los oídos de quienes tienen la responsabilidad de hacer cumplir las normas?
La diferencia del color político de gobernador y alcalde no son obstáculos para tener en común la incompetencia para desplegar su autoridad. ¿O hay algo más en sus acciones?

De acuerdo a los estudios Cultura de la violencia* y Hacia una explicación de la violencia delictiva en Venezuela**, del profesor Freddy Crespo, coordinador del Observatorio Venezolano de Violencia, Mérida (OVV Mérida), existe un proceso de normalización de la violencia en Venezuela, según lo cual explica el incremento de los delitos y su expresión cuantitativa y cualitativa, así como otras formas de manifestarse la violencia en el país.

“Esto ha producido que el delincuente común sea mucho más violento que en otras épocas, pues se socializó en un escenario de descontrol, impunidad y falta de institucionalidad; también que el ciudadano común opte a vías alternativas, como la violencia, para la resolución de conflicto, sea más tolerante con este tipo de acción y reduzca su interacción social para evitar la victimización”. Resume en sus estudios Crespo.

De acuerdo a Durkheim, en su obra Las reglas del método sociológico, para la consciencia común el delito consiste solo en herir, matar y robar. Cuando estas acciones dejan de ser efectivamente sancionadas, la misma consciencia común deja de percibirlos como opciones inválidas de conducta, pues simbólicamente representan opciones legítimas para obtener la satisfacción de una necesidad y alcanzar una meta.

De esta manera las acciones como las narradas no solo representan una opción válida de conducta, sino también legitimada por las mismas autoridades en su incompetencia para sancionarlas. Y no sólo se habla del asalto a los estacionamientos de una casa de estudio que es patrimonio público, sino también de la circulación por donde está prohibido, de conducir en estado de embriaguez, peor aún, en este estado y mientras se continua ingiriendo licor; se habla que hay un circulo vicioso entre lo que no se hace, se permite hacer, entre los pocos que ganan mucho y la sociedad que lo pierde todo en esta situación.

¿Cuál es el mensaje simbólico final? Que la anarquía prevalece. Le ley no funciona y las autoridades tampoco hacen nada para hacerlas valer. Son estas, quienes en primer lugar, legitiman y normalizan la violencia al deslegitimarse a sí mismos como autoridades formales que deben hacer cumplir la ley y al omitir sus propias responsabilidades. En otras palabras, son las autoridades los primeros delincuentes al ser cómplices de la misma violencia.

Que la conducta del rector Bonucci pidiendo auxilio y exigiendo a las autoridades que hagan lo que se debe hacer, es una excepción que solitariamente hace eco solo en los universitarios que les duele su universidad, pues no tienen armas para enfrentar a estos grupos que asaltan y de hacerlo, como en otras ocasiones, serían capturados y sancionados por las autoridades que custodian a estos delincuentes.

“Cuando la sociedad pierde el hilo institucional que orienta su conducta, esta queda sujeta al hilo conductor particular y así se abre paso a la anarquía, a la violencia individual y estructural. De no actuar a tiempo y correctamente, será cada vez más difícil re orientar la conducta individual y social hacia una conciencia institucional que implique el cumplimiento de la norma y el funcionamiento de la autoridad formal”, sostiene Crespo.

Aspiramos que no haya que esperar al próximo carnaval para que las autoridades hagan cumplir las normas y los grupos delictivos no actúen bajo la complicidad de su incompetencia y la omisión de sus responsabilidades.

* Disponible en:
https://www.researchgate.net/publication/303466401_CULTURA_DE_LA_VIOLENCIA_CULTURE_OF_VIOLENCE

** Disponible en:
https://www.researchgate.net/publication/313109140_HACIA_UNA_EXPLICACION_DE_LA_VIOLENCIA_DELICTIVA_EN_VENEZUELA?ev=prf_pub