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OVV Regionales y transportistas se sientan en la mesa para abordar la inseguridad

Los robos y lesiones a pasajeros y chóferes, el secuestro de las unidades e incluso homicidios causados por delincuentes armados, en las paradas y dentro de los vehículos en las rutas que recorren, se han convertido en una amenaza y un temor cotidiano, con consecuencias graves, no solo para los involucrados sino también para las familias y la sociedad venezolana en general.

El aumento sostenido de la violencia en el transporte público en Venezuela se refleja en el incremento de los delitos de robo y hurto, según el testimonio de más de ochenta (80) transportistas que participaron en mesas de trabajo que, como parte del proyecto Fortalecimiento de la Cultura Ciudadana sobre los derechos a la Seguridad y la Integridad Física, llevaron a cabo los seis Observatorios Regionales de Violencia, bajo la coordinación del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).

Fueron doce mesas de trabajo, realizadas entre noviembre de 2016 y abril de 2017, en las que participaron conductores; presidentes, gerentes y socios de líneas; presidentes y vice-presidentes de sindicatos; recolectores, entre otros, de las empresas de transporte público de las capitales de Bolívar, Lara, Mérida, Sucre y Táchira, así como de la Región Capital.

En los encuentros, los Observatorios Regionales asumieron la tarea de detectar los problemas o conflictos que enfrentan los transportistas en su cotidianidad, relacionados con la situación de violencia e inseguridad, así como la búsqueda de acciones, propuestas y soluciones a ser emprendidas por los propios transportistas, la sociedad civil y las autoridades competentes, y, finalmente, crear alianzas entre el gremio de los transportistas y los equipos regionales del OVV.

Los problemas comunes
Pese a la distancia entre las ciudades donde se desarrollaron las mesas de trabajo, los problemas reportados por los conductores fueron similares, en su mayoría. El incremento de los hurtos, robos y secuestros es el común denominador en las seis regiones estudiadas, aumento que ha estado condimentado por el dinero en efectivo que deben llevar consigo los venezolanos para comprar los escasos productos que aparecen en los mercados y que se adquieren luego de hacer largas colas desde la madrugada.

El recrudecimiento de estos delitos es seguido, como problema reportado por los conductores, por la escasa o nula presencia de efectivos policiales, de alcabalas y, en general, la ausencia de políticas públicas en torno a la seguridad en el transporte público.

También se detectó, en todos los casos, la poca credibilidad en las denuncias ante la poca, nula o tardía respuesta del Estado, además de temer por su integridad física y la de sus familiares, ya que muchos conductores o pasajeros han experimentado situaciones de amenazas y actos de retaliación por parte de los delincuentes denunciados.

Otro aspecto común, tanto en oriente como en occidente y el centro del país, es que los transportistas suelen ser señalados, por los pasajeros, de cómplices de los delincuentes, cuando ellos mismos y su jornada de trabajo también se ven afectados por las actividades delictivas.

Paralelamente, los choferes expresan que los usuarios, en muchas ocasiones, incrementan su propia vulnerabilidad al exponer en las paradas y dentro de las unidades de transporte público, joyas, dinero y, principalmente, teléfonos celulares.

El ambiente no ayuda
La falta de alumbrado en las calles y avenidas es, también, una situación recurrente en las seis ciudades donde se realizó el estudio, lo que facilita el hurto, robo o cualquier tipo de delitos en las unidades de transporte; asimismo, la ausencia de controles en las rutas, el incumplimiento de las paradas, el mal estado del pavimento y de las propias unidades de transporte ante la escasez de repuestos para los vehículos, ponen en riesgo la integridad física de los conductores y de sus pasajeros.

Las particularidades
Durante las mesas de trabajo surgieron problemas vinculados a una característica particular de la zona, por ejemplo, en algunas líneas que operan en las zonas de barrios de la Región Capital es común el secuestro de las unidades, para ser utilizadas como ambulancias o carrozas fúnebres. “Los conductores son obligados con armas a montar en sus vehículos y llevar a la fuerza a personas heridas al hospital, producto de los enfrentamientos entre las bandas delictivas”, señaló la Coordinadora del OVV Región Capital, Iris Rosas.

Los “charleros” son una particularidad reportada por el equipo del OVV Lara. Son individuos que ingresan a las unidades de transporte, transmiten verbalmente un mensaje, luego de lo cual piden dinero. En su mayoría son hombres jóvenes, que no superan los 30 años. El problema radica en que algunos de ellos utilizan la amenaza y el amedrentamiento, y no el ruego o la petición, para obtener dinero por parte de los pasajeros. “Yo vengo de (la cárcel) Uribana, o me dan por las buenas o me dan por las malas”, fue el mensaje de un “charlero”, según indicó el Coordinador del OVV Lara, Carlos Meléndez.