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Paria y Araya mueren a manos de la delincuencia

Mayber Márquez/ Prensa OVVV Sucre

En el relieve del estado Sucre sobresalen las penínsulas de Paria y de Araya, catalogadas entre los lugares más impresionantes de la geografía venezolana con paisajes que son referencia de las posibilidades de desarrollo que tiene la entidad oriental.

Sin embargo, como consecuencia directa de la pobreza extrema en la que vive su gente, estas hermosas regiones se han convertido en foco de la violencia e inseguridad.

Las diferencias entre ambos espacios son tan marcadas como la extensión de su territorio.

Paria
En la Península de Paria convergen los municipios Arismendi, Mariño, Libertador, Cajigal y Valdez que cuentan con Bermúdez como puerta de entrada a la zona otrora considerada como tranquila, pero que, en los últimos años, se ha convertido en refugio para la delincuencia organizada, que controla hasta el desarrollo pesquero y turístico.

“Atrás quedaron las tardes que nos sentábamos frente a las casas a compartir con los vecinos y podíamos dejar las puertas abiertas de par en par, sin temor a que nos atacaran porque lo que se ve ahora es muy feo” explicó Norys Visaez, dirigente social que recorre Paria para promover el ejercicio ciudadano y la defensa de la población carente de servicios básicos.

En su opinión, la situación ha empeorado en los últimos meses debido a la desesperación de los habitantes no solo por la escasez de alimentos y medicinas, sino por el alto costo de la vida.

“Los bancos no tienen dinero en efectivo y eso atrae más delincuencia porque no podemos estar tranquilos en la casa, ni pasar por la calle con una bolsa de comida sin temor a que nos la arrebaten, esa situación aumenta la zozobra” dijo.

Visaez asegura que el ritmo de vida ha cambiado y antes de las seis de la tarde ya debe “recogerse” en su casa porque hasta los bombillos se los han robado, “primero por lo caro que están y segundo, porque así aprovechan para cometer sus fechorías, mientras la policía es indiferentes porque ellos también saben quiénes son los vándalos pero ahora vemos más uniformados en el centro para controlar el comercio y no se meten en los barrios, como tiene que ser” aseveró.

En Güiria, reconocido como puerto comercial y pesquero de la entidad, con una de las reservas gasíferas más importante del mundo, la pobreza va en aumento porque aunque los asesinatos producto de enfrentamiento entre bandas han registrado una merma, los delincuentes se ha dedicado al robo del sistema de cableado telefónico, para revender materiales como el cobre en la vecina isla de Trinidad.

Mientras tanto los locales comerciales se han quedado sin conexiones para los puntos de venta y ante la escasez de papel moneda, la crisis comercial, pero sobre todo la garantía de abastecimiento de la población, se limita cada día más.

“El gran problema ahora es que los productos están muy caros, un kilo de azúcar lo pueden vender en Güiria en Bs. 70 mil, la gente también viaja a Trinidad a traer mercancía pero muchas veces la misma Guardia Nacional se las decomisa, el hambre es lo que más nos afecta ahora” enfatizó el comerciante Luis Carrillo.

Sin duda, el desempleo en la zona pariana representa una oportunidad para la ejecución de actos vandálicos, “porque la gente no tiene nada que hacer y roba con el argumento de conseguirle comida a sus familias” agrega Carrillo.

Araya

El panorama no es distinto en la Península de Araya cargada de paisajes naturales y tierra árida. Allí las condiciones de vida han contribuido con el deterioro de la población de tradición pesquera y salinera, que también se ha visto amenazada por la piratería marina.

“Los delincuentes llegan y nos roban las pertenencias, la comida, los motores, todo lo que encuentren a su paso. A mi casa se metieron a las10 de la noche, nos golpearon y amordazaron para llevarse todo, eso nunca antes se había visto” sostuvo con preocupación el dirigente político Pablo Rosas.

Resalta que la escasez de alimentos y medicinas es mayor en la otra costa debido a las dificultades en materia de comunicación terrestre, por el deterioro de la vialidad que va desde el municipio Ribero y la falta de embarcaciones que garanticen, no solo el traslado de la población, sino de los insumos básicos desde Cumaná.

“Tenemos que comprar con sobreprecio porque ahorita todo el mundo aprovecha de jugar con el hambre del pueblo y lo que ganamos con la pesca no es suficiente. Antes te parabas en la orilla de la playa y conseguías corocoro o cachúa, pero ahorita hasta el mar es difícil. Entonces, tenemos que ir hasta Cubagua a vivir sin sabores” indicó Arcadio Rodríguez, un profesor jubilado hace 21 años que volvió a Salazar, su pueblo natal en la Península de Araya, y ahora ve limitada su ilusión de descansar frente al mar y vivir de la pesca.

“No solo tenemos que cumplir las exigencias de permisología implementada por el Gobierno para faenar, sino que en la noche la inseguridad es total, los piratas se llevan hasta cinco motores diarios, la gente busca cuatro reales para alimentar a la familia pero vienen los delincuentes y se lo arrebatan todo, los golpean y hasta los matan; mientras la Guardia no hace nada aunque saben quiénes son los bandidos” apuntó.

La economía controlada por la delincuencia

Para el coordinador del Capítulo Sucre del Observatorio Venezolano de Violencia Jesús Subero, el ataque violento del pueblo contra el mismo pueblo es un reflejo de la crisis social que atraviesa el país y que se agudiza en los sectores más extremos del territorio venezolano como en el caso de las penínsulas de Paria y Araya, que según el balance de los organismos oficiales de promoción turística en la entidad, contaban con la mayor afluencia de visitantes en el estado Sucre desde el inicio de cada temporada vacacional, lo cual se revirtió debido a la inseguridad marítima y terrestre, así como a la paralización portuaria y aeroportuaria.

“Son territorios muy distintos, las bandas organizadas han tomado el control de prácticamente toda la actividad económica en Paria debido a su condición geográfica fronteriza como punto a favor de la actuación delictiva, mientras los pueblos lucen desolados. En Araya aunque la piratería marina agobia las comunidades pesqueras, hay mucha delincuencia juvenil a bordo de motos, pero en general se trata de pueblos en decadencia por falta de estímulo productivo y seguridad ciudadana” aseveró Subero.

Por su parte el presidente de la Cámara de Comercio de Carúpano, Ihsan Saladino, la situación de violencia e inseguridad es preocupante y no observa medidas de control sino por el contrario, la actuación delincuencial va en aumento y amenaza el desarrollo de espacios que históricamente fueron referencia para el desarrollo.

“Hay que reforzar la seguridad porque cada día roban más negocios. Tengo 53 años viviendo en Venezuela como inmigrante y nunca había visto algo similar a lo que ha ocurrido en los últimos años” dijo.

Saladino no titubea al señalar que quiere que la situación del país mejore, pues reconoce que hay sectores comerciales cada día más amenazados.

“Lamentablemente, nada más vivo con la esperanza , pero ojalá que al final del túnel haya luz que beneficie a todos los venezolanos, que se refuerce la seguridad ciudadana con la ejecución real de las políticas anunciadas porque tratamos de sobrevivir, diversificando las ventas, porque una vez que se baja una santamaría es muy difícil que volvamos a abrirla” añadió.