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Paz en modo ciudadano

El Universal

ROSARIO ANZOLA

Abordar y proclamar la paz en tiempos de conflicto resulta una tarea difícil, mas no imposible, a pesar de la incertidumbre y desconfianza de quienes padecen las enormes e inexplicables vicisitudes de un país que se cae a pedazos como consecuencia del errado manejo de la autoridad, de la ineficiente administración de los recursos y del ejercicio del poder de un proyecto político excluyente.

Asumir la paz implica asumir la existencia de la ciudadanía y la democracia. No existe la una sin la otra. Y ambas no pueden existir sin la participación, la interacción y la interlocución de las partes que conforman el conglomerado social: los ciudadanos como protagonistas esenciales y los dirigentes y gerentes de la cosa pública como responsables del equilibrio y la dinámica de dicha paz y convivencia. Es por ello que el pacto social es el camino para el entendimiento y el acuerdo, en el entendido de que la democracia no es solamente un ejercicio electoral. Es el sentido de la inclusión, la cogestión y la certeza de que los ciudadanos tienen que participar activamente en la construcción y conducción de su propio destino.

En la ciudadanía (y en los políticos y dirigentes, que también son ciudadanos) es mandatorio comprender que tanto los diálogos como las negociaciones se sustentan en los derechos fundamentales. Para ello el conglomerado social ha de trajinar los conceptos y alternativas enfilados a la visión de un futuro promisorio. Y este ha sido el propósito del evento Paz en modo ciudadano celebrado recientemente en Barquisimeto, por iniciativa del Consejo Consultivo de la Ciudad. Dicho consejo es un equipo innovador y entusiasta, que se propone ser energía inspiradora para la articulación de las iniciativas de la sociedad civil. Esta experiencia -inédita en el país- reúne a un grupo de ciudadanos que se han planteado -desde la convicción, la esperanza y el coraje- la convivencia cívica, la corresponsabilidad y la participación comprometida a objeto de mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la ciudad, atendiendo al principio de sostenibilidad.

El programa de la jornada contó con un destacado grupo de ponentes que, sin ponerse de acuerdo, lograron establecer una relación común en sus discursos al referirse, desde diferentes ángulos, al insustituible valor de la institucionalidad y la democracia para la vida ciudadana. Los títulos dan una idea del alcance de las exposiciones: La paz y la seguridad en las ciudades venezolanas es posible (Roberto Briceño León); Transparencia en tiempos de opacidad (Mercedes De Freitas); El daño antropológico y los signos de resiliencia donde apalancar una alternativa (Alfredo Infante SJ); Cultura innovativa para la paz (Beatriz Cisneros); Prolocal, una contribución a la paz y al desarrollo desde participación ciudadana (Pedro González); Impunidad, transición y derechos humanos (Rafael Uzcátegui); Construyendo justicia y paz (Nelly Cuenca de Ramírez); La Carta Encíclica “Laudatio Si” como universalización de la historia urbana en el marco de la paz (Emilio Urbina).

Hubo dos intervenciones muy particulares, la de Freddy Castillo Castellanos, quien disertó sobre La Armonía de lo bello y lo terrible, con sus notas sobre arte, historia y paz, a través de las cuales se propuso acercar a los presentes a los símbolos, signos y secretos del Guernica de Picasso. La inserción de esta temática es el reconocimiento a la expresión artística como medio insustituible para conmover al ser humano y permitirle apropiarse de las dimensiones estéticas, subversivas y transformadoras del acto creador. La otra fue la participación de Luisa Pernalete, con la presentación del programa Hagamos las paces, dirigido a madres de familia para formarlas en el ejercicio de la paz dentro de sus hogares y comunidad. Luisa, Maestra, con “M” mayúscula, lució su capacidad histriónica y creativa explicando las herramientas que ofrece este proyecto de Fe y Alegría a las madres promotoras de paz, a fin de fortalecer los lazos de entendimiento entre los miembros de familia y comunidad.

Fueron presentados cuadros de estadísticas impactantes en relación a los elementos que están incidiendo en el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos, así como denuncias referidas a la fuerza como sustitución de la norma y la ley; al flagelo de la corrupción; a la importancia del reconocimiento del otro; a la lógica de lo apropiado y lo correcto; a la relacionalidad como fraternidad cristiana; a los índices de institucionalidad y al concepto de la posverdad. El evento fue clausurado por Ramón Guillermo Aveledo, quien basado en un ponderado análisis se refirió a la necesidad de hacer reaparecer el futuro, que es a fin de cuentas la intención de la experiencia La paz en modo ciudadano y su empeño en fortalecer los valores de equidad, libertad, justicia, prosperidad y verdad.

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