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San Cristóbal entre escenas del crimen y oportunidades para la disminución de la violencia

San Cristóbal está llena de oportunidades para el delito

Manuel Roa / Prensa OVV 

San Cristóbal, mes a mes, agrupa el mayor número de delitos ocurridos en Táchira. Durante septiembre fue escenario del 50% de los crímenes cometidos en el estado, según las cifras del Observatorio Venezolano de Violencia, con sede en la Universidad Católica del Táchira,  confirmando así el argumento expuesto por el sociólogo Roberto Briceño León quien precisa que la inseguridad en América Latina es un fenómeno urbano.

La presencia de un mayor número de habitantes, empresas, banca, y actividades comerciales son algunos de los factores que hacen de la capital tachirense el municipio con más incidencia de delitos, según la criminóloga Anna María Rondón. “En San Cristóbal suceden la mayor parte de robos y de hurtos, pero se debe precisar que la mayoría de estos delitos son contra la propiedad. Esto sucede porque gran parte de la actividad económica del estado se concentra en su capital”, precisa la también investigadora del OVV-Táchira.

El abandono de los espacios públicos y el quiebre de la cohesión social son otras de las variables que propagan la delincuencia en el municipio capitalino. “San Cristóbal al igual que las principales ciudades de Venezuela está llena de oportunidades para el delito. La falta de alumbrado y la ausencia de espacios públicos para la convivencia, son ejemplo de esto”, explica Rondón.

El municipio y la disminución de la violencia

Si bien la violencia criminal es un problema multidimensional que necesita de la voluntad y coordinación de toda la institucionalidad venezolana para su solución integral, el municipio tiene enormes posibilidades en la reducción de la inseguridad. “El gobierno local es un agente clave en los procesos de transformación, al ser un entramado institucional y social que tiende a diluir su poder, juega un rol activo en la calidad de vida de sus ciudadanos y en el posicionamiento de la ciudad en los índices de bienestar social”, explica Jessy Aleta, politóloga e investigadora del OVV-Táchira.

La capacidad territorial de aplicación y ejecución de políticas públicas, la homogeneidad en los intereses de sus habitantes y la cohesión social son algunos de los factores que hacen viable la aplicación de estrategias efectivas para atenuar la delincuencia desde la alcaldía. “En el municipio se generan lazos de solidaridad al existir una homogeneidad de intereses, las políticas están dirigidas a un pequeño número de habitantes, en comparación con la población nacional. De allí, que se puede considerar al municipio como el escenario ideal para el ejercicio de la gobernanza”, comenta Aleta.

La politóloga explica que la disminución del delito no es solo responsabilidad de la policía y de planes de seguridad que contemplen armas, enfrentamientos o cualquier otra política reactiva. “Reducir la inseguridad es un trabajo de poder compartido y allí el municipio tiene alta competencia para el estímulo y ejecución de la participación ciudadana en estos asuntos, institucionalizando los procesos a través de los institutos autónomos y las ordenanzas, enfocadas a limitar los factores que facilitan y promueven el delito”, comenta.

Superar la visión meramente policial de las políticas de seguridad que vienen desarrollándose desde la alcaldía de San Cristóbal también es una prioridad para Rondón: “La prevención es un tema que no solo contempla a la policía, esta debe involucrar estrategias sociales, culturales, educativas. En el municipio pareciera que no se le presta mayor importancia a la construcción de lazos de cohesión social”.

Medellín venció a la violencia

Municipios que vencieron la violencia 

La integración de actores y estrategias en una dinámica de prevención ha sido efectiva en distintas ciudades de América Latina que anteriormente fueron escenarios de un sinnúmero de crímenes y hoy se dibujan como espacios para la convivencia y el bienestar social. Bogotá, Medellín, Ciudad Juárez, San José de Costa Rica o el municipio Revenga del estado Aragua son algunos ejemplos de estas iniciativas exitosas.

Bogotá, durante el gobierno de Antanas Mockus, experimentó políticas de seguridad ciudadana donde involucraba fortalecimiento institucional, la adopción de una política de espacio público físico, la integración del concepto de cultura ciudadana, la territorialización de la política pública y la corresponsabilidad, lo que se sumó a los aspectos tradicionales de la concepción de la seguridad.

Por su parte México durante las dos últimas décadas fue protagonista de una iniciativa que logró reducir de manera rápida el delito en el Municipio Ciudad de Juárez. El programa llevó por nombre “Todos somos Juárez”, el cual tenía 160 0bjetivos que debían ser cumplidos en 100 días, un proyecto que involucró al Gobierno Federal, regional y a la sociedad civil, donde se implementaron una serie de medidas intersectoriales, que iban desde el mejoramiento de la infraestructura hasta la intervención de órganos de seguridad.

En Venezuela también hay un ejemplo de reducción de la violencia desde políticas locales. El municipio Revenga, en el estado Aragua, ha sido protagonista de una iniciativa desde el sector privado que ha dejado grandes beneficios a la comunidad. El proyecto Alcatraz, financiado y desarrollado por la Compañía Anónima Ron Santa Teresa, tiene por objetivo generar oportunidades económicas que incidan en la reinserción social de jóvenes delincuentes a través de trabajos dignos para que desarrollen capacidades y sentido de pertenencia a la comunidad donde habitan.

La disminución del delito no puede quedarse a la espera de coherencia y efectividad de las políticas nacionales, desde las competencias municipales se puede lograr contrarrestar este flagelo. “A veces se olvida que los municipios pueden hacer propuestas sencillas en el marco de sus competencias, estimular la participación ciudadana, por ejemplo, y de allí propuestas desde la misma sociedad para la disminución del delito, ello contribuye a demás a la consolidación de la cohesión social”, enfatiza Aleta.