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Tan parecidos y tan diferentes: Construcción social de la violencia desde la identificación política

Prensa OVV Mérida

“El que no esté conmigo, está contra mí”, ha sido el discurso constante de la dinámica social y política venezolana. Como nunca antes en el país, esta dinámica ha marcado dos polos diferenciados y abiertamente contradictorios entre sí, diferencias que, además, parecen insalvables y dejan la sensación abierta que no hay margen de reconciliación entre las mismas. O eres “chavista” o eres “opositor”. No hay matices en esta clasificación. Cualquier posición intermedia es una traición y disentir o pensar críticamente sobre cualquier posición, implica al mismo tiempo ser catalogado de la posición contraria. Simplemente, parece que en Venezuela está prohibido pensar.

En otras palabras, vivimos en un país polarizado. De acuerdo a la profesora de la Universidad Central de Venezuela, Mireya Lozada, “en el proceso de polarización social, la postura del propio grupo implica la referencia negativa a la posición del otro grupo. Así, la representación idealizada del propio grupo contrasta con la representación satanizada del grupo contrario percibido como enemigo”.

De esta manera cada grupo desarrolla sus propias construcciones y percepciones de lo social, según sus propias vivencias y la naturaleza ideológica que las sustentan. Por lo tanto, desde cada grupo las construcciones sociales son también diferentes. En este sentido, el equipo del Observatorio Venezolano de Violencia Mérida (OVV Mérida) buscó indagar sobre la construcción social de la violencia en Venezuela, desde la óptica de los diferentes grupos de identificación política e ideológica.

El contexto

Para realizar este estudio se conformaron dos grupos focales integrados por personas de diferentes estratos sociales, niveles educativos, ocupaciones y edades. Cada grupo focal estuvo integrado solo por personas de una identificación política. Los temas a tratar fueron la violencia común, la situación de protestas y violencia vivida en el país y en especial en Mérida desde abril a julio del 2017, los saqueos, los linchamientos, entre otros. Ambos grupos focales se realizaron por separado y con más o menos quince días de lapso, entre uno y otro.

Los hallazgos

En general, hay importantes diferencias y similitudes entre las concepciones que cada grupo de identificación política expresó durante los grupos focales. Con respecto a la violencia común, ambos grupos tienen como percepción similar la apreciación de normalidad de la misma y la expansión de la hostilidad en las relaciones sociales comunes y cotidianas de la población. Acciones tan simples y comunes como abordar una unidad de transporte público, refirieron los entrevistados, se ha convertido en el escenario que genera hostilidad entre pasajeros y entre éstos y el chofer, por ejemplo. Además, cualquier motivo es suficiente para despertar la hostilidad propia hacia los demás y de los demás hacia uno mismo.

Las diferencias, sin embargo, apuntaban a las causas de la violencia. Para las personas identificadas como oposición, la pérdida de valores y la ineficiencia del gobierno para controlar la criminalidad son las principales causas. Mientras tanto, para los que se identifican como chavistas, en Venezuela hay dos tipos de violencia: una real, y de menor magnitud, y otra inducida por los medios de comunicación, que genera sensación de inseguridad y hace crecer la idea que la violencia es muy alta.

Esta misma diferenciación la expresaron al opinar sobre los sucesos violentos vividos en Venezuela durante abril y julio del año 2017. El grupo opositor calificaba las acciones de protestas como necesarias para reclamar derechos y llamar la atención sobre la situación económica que aquejaba al país. Se mostraron muy críticos con algunas formas radicales de protestas y los extremismos a los que en algunas ocasiones se llegaron, tales como trancar completamente vías de acceso y comunidades en la ciudad, lesionar a quienes intentaban pasar por tales obstáculos o reclamaban por los mismos, entre otros. El papel de los organismos de seguridad y los llamados colectivos, fue muy negativo para este grupo de personas, pues consideraron que perdieron el objetivo real de su trabajo y actuaron durante estos eventos como protectores del gobierno y no del pueblo, aunado al hecho de que los colectivos tenían como función dispersar las protestas con las medidas que fueran.

De la otra mano, el grupo identificado como chavistas vio en estas protestas la manifestación orquestada por planes imperialistas extranjeros y nacionales, cuyo único objetivo era derrocar el gobierno revolucionario. Sostuvieron que las manifestaciones tuvieron connotación de terrorismo extremo al impedir el libre acceso a ciertas zonas de la ciudad, discriminar y lesionar a quien reclamaba por las mismas. Igualmente, desde su perspectiva, los organismos de seguridad fueron víctimas de los atropellos de quienes manifestaban, pues su labor era proteger al pueblo, mientras que la acción de los colectivos se percibió como la de patriotas que buscaban defender la revolución de los traidores.

En cuanto a los saqueos, la perspectiva fue medianamente compartida por ambos grupos. Los opositores los rechazaron, pero manifiestan que entenderían tal acción, pues ante la situación que se vive en el país debe entenderse que las personas deban buscar las vías para satisfacer sus necesidades. El grupo chavista, igualmente rechazó los saqueos, pero no los comparten, principalmente por dos razones: primera, el gobierno puede cubrir bien las necesidades de la población, que aún no entiende que está sometida a una guerra económica; y segunda, ligada a la anterior, los saqueos en sí son parte del laboratorio de desestabilización y guerra inducida que los sectores de oposición extrema en el país desarrollan para derrocar al gobierno.

Finalmente, los linchamientos fue el punto común en el que ambos grupos coincidieron totalmente, al rechazar este tipo de acciones pues consideraron que la justicia es acción del Estado y ésta no puede quedar sujeta a la voluntad y manos de los privados. No obstante, el grupo chavista calificó estas acciones también como ejemplo de terrorismo extremo, refiriendo casos de personas que fueron linchadas en el medio de las protestas solo por ser calificadas como chavistas.

La conclusión

Según la profesora Lozada, la polarización lleva a construir una percepción particular de la realidad y los componentes de la misma, en donde solo es válida tal percepción e invalida las razones de los otros. El profesor de la Universidad de Los Andes y Coordinador del OVV Mérida, Freddy Crespo, agrega: “en este contexto, cada grupo se construye desde su ideario social, solidificando las vinculaciones internas y debilitando las correlaciones externas, por lo cual, el escenario para el conflicto es cada vez más probable debido al hecho que el otro se visualiza desde cada grupo, como el enemigo culpable de los problemas, cuya dominación o, en caso extremo, exterminio, es necesaria para la solución de los problemas”.

Por esta razón, aun cuando haya similitudes apreciables para la construcción de los fenómenos como la violencia en los grupos estudiados, siempre existe la justificación ideológica vinculada a tal construcción y la percepción de la propia acción como válida y necesaria, mientras que la del otro es inválida y desechable. De esta manera, ambos grupos ven con similitudes puntos básicos como la violencia común y el aumento de la hostilidad en las relaciones sociales entre las personas, pero no ven como punto común las causas de la misma, ni tampoco las soluciones.

En este último aparte, “es donde radica la dificultad en el control, reducción y prevención de la violencia. En los últimos años, el discurso político y, en consecuencia, la construcción de políticas antidelictivas, ha tomado como base la búsqueda de culpables en el “otro”, bien sea imperio, opositor, extrema derecha, los gobiernos de la cuarta, la CIA, entre otros; pero no se ha concentrado en la educación moral del venezolano para que en el ideario individual y colectivo la violencia deje de percibirse como una acción normal y necesaria para reforzar vínculos internos en los grupos a través de la supresión de los otros grupos. Mientras esta idea sigua persistiendo en la cotidianidad del venezolano y la violencia no sea vista como un punto común que debe tener soluciones en común, este fenómeno no solo no se va reducir o controlar, menos aún prevenir, sino más bien va a aumentar cuantitativa y cualitativamente, presentándose en manifestaciones conductuales cada vez más grotescas y normalizadas en el contexto individual y social del venezolano”, señaló Crespo.

La conclusión a la que llegó el OVV Mérida luego de este estudio, es que es necesario la búsqueda de puntos en común y aún con las diferencias, construir matrices y percepciones sociales desde las diferencias mismas, que permitan entender que la solución al problema de la violencia está más allá de buscar culpables, sino más bien de conseguir responsables en su solución. Y tal responsabilidad, ante las carencias institucionales del Estado, corresponde a todos.