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Acuerdo Social | Justicia por mano propia

Roberto Briceño León, Laboratorio de Ciencias Sociales del Observatorio Venezolano de Violencia (Foto Ramón Pico)
Roberto Briceño León, Laboratorio de Ciencias Sociales del Observatorio Venezolano de Violencia (Foto Ramón Pico)

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Roberto Briceño-León | ÚN.- En los últimos meses hemos podido observar un incremento notable de los linchamientos en el país. Lo evidenciado no es solo un incremento en su número, sino en el tipo de víctima y en la facilidad con que se desatan.

Esto ha ocurrido al mismo tiempo que han aumentado las llamadas OLP, y se ha dado un incremento de las personas fallecidas en los “enfrentamientos” con las fuerzas policiales y militares durante los operativos.

Ambos procesos parecen estar distantes, pero, al final son el resultado de una misma dinámica de aplicación de la justicia por mano propia en la sociedad.

El linchamiento es una acción de autodefensa o venganza colectiva que ha ocurrido muchas veces en las sociedades en conflicto. Los resultados de los estudios sociológicos que se han hecho en Venezuela, tanto por Alexis Romero Salazar, de La Universidad del Zulia, como por nosotros en Caracas y a nivel nacional, así como los estudios realizados en Bolivia y México, muestran una coincidencia: los linchamientos ocurren cuando las personas sienten que no habrá justicia, es decir, que no se castigará a los culpables, y cuando sienten que no tienen ni tendrán protección de la policía.

En una encuesta que hicimos en todo el país le preguntamos a los entrevistados cuándo creían que los linchamientos estaban justificados. Un tercio de la población (37%) respondió que nunca estaba justificado. Pero dos tercios lo justificaban. Un tercio (32%) decía que cuando el individuo había cometido un crimen “horrible”, tal como violación de niños o ancianos. 23% cuando el delincuente “no tenía remedio”, y 7% cuando creían que la policía lo iba a soltar al día siguiente.

Sin embargo, se ha dado un cambio. En la mayoría de los linchamientos observados recientemente las víctimas no han cometido delitos “horribles”; más bien se trata de inexpertos ladrones. Son personas que están incursionando en el delito por el desespero del hambre que tiene el país y la conciencia de impunidad que existe. Por eso, son incapaces de reaccionar ante la turba que como sabe que no habrá castigo, decide tomar la justicia por mano propia.

Algo similar ha ocurrido con los policías y militares quienes han sido víctimas del delito y han visto como quedan libres los asesinos de sus compañeros. Por temor, muchos funcionarios esconden su condición, y hasta dejan su carnet policial o militar en su casa cuando salen sin uniforme.

Lo que antes era motivo de orgullo, ahora se convierte en vergüenza y riesgo. La respuesta no podía ser diferente; a su manera y modo, muchos deciden hacer sus propios linchamientos, y eso son las ejecuciones extrajudiciales que denuncian madres y vecinos.

La justicia por mano propia no contribuye a disminuir la violencia sino al contrario, la incrementa. Pero no podrá encontrarse solución a este drama si no se modifican sus causas: el hambre y la impunidad. Y eso no puede lograrlo un gobierno sin apoyo de la sociedad, sin acuerdo social.