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El Pran: ¿Símbolo o significado?

pranPrensa OVV Mérida

Lo que significa

Luego de los sucesos de la cárcel del Rodeo en 2011, en el que los pranes el Yoifre y Oriente protagonizaron un motín, secuestro y posterior fuga del recinto carcelario, la palabra pran, pasó de del anonimato a una difusión masiva que conllevó al uso de tal término como un símil para situaciones que en la sociedad en libertad se asemejaban a la vida en prisión. De esta manera, un país de pranes, el pranato comercial, entre otras frases, empezaron a denotar situaciones que aludían a la aparición de liderazgos con dominación arbitraria, violenta e ilegal sobre aquellos individuos, comunidades o situaciones particulares en las que dicho liderazgo se establecía como un eje de dominación.

Pero el uso extensivo de la palabra pran también conllevó a la búsqueda de su significado y de explicaciones a la aparición de la figura que es calificada de esa manera. Una breve revisión documental y hemerográfica permite saber que existen cuatro explicaciones sobre el origen de la palabra, dos versiones las cuales apuntan a considerarla como un anagrama, es decir, una palabra compuesta o construida con base a las iniciales de otras palabras.

La primera versión, difundida en libros y expuesta por políticos, sostiene que pran se construye de la combinación de las palabras preso, rematado, asesino, nato. Sin embargo, una segunda versión, también presentada como un anagrama, y referenciada en sus estudios etnográficos en las prisiones del país por el profesor de la Universidad de Los Andes y también coordinador del Observatorio Venezolano de Violencia, sede Mérida, Freddy Crespo, refiere que dicha palabra se construye desde profeta, reverendo, apóstol, maestro.

Un tercer significado y que está siendo usado en referencias periodísticas a esta figura, tiene que ver con el uso españolizado de la palabra del inglés prams, la cual traducida al castellano tiene que ver con el coche o carro para llevar bebés, porque explicaría también, por asociación, el uso simbólico de otras palabras en el argot carcelario, tales como carro, luceros, perros, entre otros.

La última versión, también referenciada por Crespo, apunta a que la palabra tiene su origen en la subcultura delictiva colombiana, en donde al individuo que comercia con droga, en particular dentro de la prisión, se le llama padrino, utilizando la palabra pran como un diminutivo de la misma, para aludir además al individuo que proporciona más pran o que da más pran a los demás, cualidad vinculada con la figura de un padrino que otorga regalos o detalles a los demás. De ahí entonces que el padrino es el que da más pran.

La onomatopeya del pran

¿El calificativo es determinante de la actitud simbólica y de la expresión que este código de conducta social implica en la sociedad moderna venezolana?

Crespo en su libro del año 2015, Privación de libertad y sociología del medio carcelario en Venezuela, sostiene que el pran no es un anagrama, ni mucho menos alude a traducciones o derivaciones de palabras en otros idiomas o exportaciones de la subcultura delictiva o carcelaria de otros países.

Al ser consultado sobre esto por Prensa del ORV-Mérida, Crespo expresó: “es sencillamente una palabra que al estilo de una onomatopeya se usa para catalogar una condición asociada a la figura o al rol del líder carcelario, quien al mismo tiempo es visto como una especie de padre de la población reclusa general”.

También hay que considerar que el pran o líder carcelario no es algo nuevo. Las referencias en textos testimoniales y las investigaciones efectuadas en los años setenta y ochenta del siglo pasado, dan cuenta que el líder carcelario existía en ese entonces, así como los estudios desarrollados sobre la dinámica carcelaria en los años noventa muestran la presencia de grupos de poderes, liderados siempre por una figura que acumulaba el poder sobre la población reclusa y hasta la administración de la prisión.

La historia de vida de Alfredo, reseñada en el libro Y salimos a matar gente, del padre Alejandro Moreno y su equipo de investigadores, es muestra de esto que se comenta. Las investigaciones desarrolladas por el profesor Crespo en la década pasada y su publicación del 2007, sobre prisionización, expone la figura y el uso de la palabra pran para catalogar al líder carcelario.

El detalle en todo esto está que el pran no siempre es pran, es más bien llamado, y con más frecuencia, como papa, cacique, viejo, hasta dios, entre otros términos que denotan más un simbolismo que un significado

Este simbolismo debería llamar la atención sobre la figura o sobre el rol que en el contexto carcelario tiene un significado asociado a padre salvador. Un símbolo que ha salido de las cárceles, y tal como sostiene Crespo, abrió espacio para el “encarcelamiento de la vida y dinámica social en libertad”.

El símbolo

Muchas anécdotas se podrían contar y referenciar sobre los pranes y su dinámica e influencia social en la actualidad venezolana. Desde manifestaciones públicas que niegan su existencia, hasta hechos no tan conocidos que confirman lo contrario.

El pran es más que un significado; es el símbolo de la ruptura del control institucional formal, en primera fase; y su expansión muestra la degradación social que se adapta a la incompetencia estadal para ejecutar un control social, formal e informal, que sea efectivo para regular la conducta social de los individuos y sostener con legitimidad los acuerdos de convivencia ciudadana.

En este escenario, surgen nuevas formas de dominación, en la que la ley del más fuerte no es necesariamente la ley más justa. Y así, aparecen casos como pranes en zonas populares (y no tan populares), que al final son los mismos azotes de siempre, pero ahora con costumbres carcelarias. En algunos liceos y colegios en el municipio Libertador del estado Mérida, por ejemplo, los niños se organizan en pandillas y se auto califican como mini pranes e inician una carrera elemental en la que se preparan para ser el pran del sector o la zona.

“El significado dejó de tener importancia y más bien pasó a ser símbolo representado en el delincuente exitoso, gracias a la impunidad, el cual se presenta como un modelo social positivo para la sociedad en general en donde tiene un eco la actuación de dichas figuras”, comentó el profesor Freddy Crespo.

Al final, en todo este escenario se vislumbra la importancia del control social efectivo. La impunidad abre paso a nuevas formas de dominación social informales. Y mientras las mismas se consolidan y sostienen, el efecto social se agudiza y profundiza.

El pran significa muchas cosas, pero simboliza un estado con un control social debilitado que conduce a una sociedad a la decadencia, mientras no se planteen formas efectivas de regular y controlar la conducta individual, social e institucional.

Prensa ORV-Mérida