Portada / NOTICIAS OVV / La agresividad y la maldad definen nueva actuación del delincuente

La agresividad y la maldad definen nueva actuación del delincuente

 

La agresividad y la maldad definen nueva actuación del delincuente
Foto: Referencial

El Nacional

Por ROSIBEL CRISTINA GONZÁLEZ | RCGONZALEZ

José Manuel Morgado Bello, el hombre de 48 años de edad que asesinó brutalmente a 4 niños en el interior de su vivienda, en la calle 8 del barrio El 70 de El Valle, es expresión no solo de la mentira y la deshonestidad que marcan en los últimos tiempos a la sociedad venezolana, sino también de una nueva conducta delictiva que está caracterizando a los homicidios más recientes en el país, señalan psiquiatras y criminólogos.

“Los vecinos manifestaron que era un hombre que compartía y se mostraba bondadoso, lo que era muestra de ese otro yo que ocultaba para obtener beneficios personales. Pero ese otro lado lo mostraba cuando salía a robar y finalmente se manifestó al atacar a los niños, sin remordimiento, con una combinación de goce, rabia y perversidad, sobrepasando el índice de maldad”, indica el psiquiatra forense Wilfredo Pérez, ex presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría. Pérez señala que su diagnóstico médico está apegado al esquema internacional F60.2 DSM-IV. TR, que define los trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto.

El delincuente en la actualidad, a diferencia del que actuaba hace aproximadamente 30 años, muestra niveles alarmantes de perversión. Para el abogado criminólogo Fermín Mármol García, hay un perfil criminal muy grave, retorcido, en la acción de Morgado Bello, “propio de una persona que trae consigo una degeneración biosicosocial, no siente piedad ni arrepentimiento y, además, es insensible. Y este último aspecto es grave, porque mientras más falta de sentimientos tiene, más peligroso se vuelve”, dijo.

Fermín Mármol agregó que el criminal de la década de los años ochenta y noventa “tenía un mínimo de moral, era sigiloso en su actuación, se ocultaba y esto lo hacía indetectable”.

El modo de ataque y el grado de violencia con que se ejecuta un hecho han cambiado. Mármol García lo ilustra con el caso del joven de 16 años de edad que asesinó a su madre, a la abuela, e hirió al abuelo y a la hermana con un cuchillo de cocina en un apartamento del bloque 8 de Lomas de Propatria, el 4 de julio en la madrugada.

En esa oportunidad los vecinos calificaron el hecho de “sobrenatural”, al tiempo que declararon a los medios que el victimario era un “muchacho tranquilo, aplicado en sus estudios, practicaba basket y asistía a un curso de pintura”.

“Los delincuentes actuales son jóvenes entre los 16 y 25 años de edad, y hombres o mujeres adultos no mayores de 45 años, con rasgos evidentes de perversidad”, puntualizó el abogado.

Violencia infundada

Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de la Violencia, en su análisis sociológico considera que el incremento de maldad en la ejecución de delitos viene dado por el resultado de años de violencia infundada. En aquellos sectores desasistidos, el joven o el adulto actúan diferente y enfrentan el crimen de forma natural y sin dificultad. “Aquí la lucha es intraclase. Yo no tengo y tengo que conseguirlo sin importar cómo”.

Hace 20 años se registraban 4.000 homicidios al año; en algunas ciudades más grandes que Caracas se contabilizan entre 50 y 60 homicidios anuales, pero en la capital tenemos esa misma cantidad cada semana, afirma el investigador de la violencia en el país.

Considera que la actuación del nuevo delincuente se mezcla entre las culturas sociales y destaca que, ante la impunidad, el mensaje que se emite desde el propio Estado es el quebrantamiento de las leyes y normas. “El delincuente de ahora actúa con altísimos niveles de agresividad porque no le importan las leyes y usa la fuerza como una manera de dominar todo lo que le rodea y le parezca vulnerable”, indicó.

Violadores

Son individuos que no causan alarma ni extrañeza entre sus parientes, por lo que este delito es más factible, y la pareja que permite que el acto ocurra, refleja una perversión de otro orden. El temor de perder a la pareja. El grado de perversión las hace partícipes y satisfacerse del hecho.

Desde el punto de vista psicosocial, Briceño León refiere que no necesariamente una persona tuvo que ser violada para repetir la conducta. Sin embargo, y dependiendo del daño emocional, puede repetir el comportamiento de forma invertida, porque lo lleva a matar para evitar que lo delaten”.

Ejecuciones

En cuanto a las ejecuciones entre bandas, Roberto Briceño León explica que estos pertenecen a otra escala o nivel. “Hay una mayor racionalidad en el modo de actuar. El miembro de una banda sabe que tiene que hacerlo, porque es la única manera de subir de escala, controlar un territorio, conseguir dinero, rutas para tráfico de drogas, mujeres. En resumen, el accionar es siempre con un propósito. Lo nuevo es que estas ejecuciones ahora las graban y las exponen como para darles un mensaje a los funcionarios policiales y a otros integrantes de bandas”, aseguró.

Para Briceño León, estos mensajes tienen dos efectos: uno, como ritual de celebración o de culto a la violencia que les da identidad, y el otro les da sentido a sus vidas.

Otro de los elementos que incentiva la violencia en los delincuentes –a juicio de Briceño– son las ejecuciones extrajudiciales; contrario a ello, “se deben implementar políticas de seguridad sostenibles en el tiempo y que pacifiquen a la sociedad, no hacerla más violenta. El ajusticiamiento, hace a los delincuentes más violentos y ellos responderán con burla.

Hijos que asesinan a sus padres

“Son seres perturbados y generalmente actúan por no poder obtener un bien, dada la regulación en cuanto al acceso de cosas materiales a partir de ciertas normas. Estos homicidas creen que pueden saltar esas normas y se crean una ficción del mundo real. Luego de cometer el hecho y ser interrogados al respecto, demuestran sentimientos de culpa y arrepentimiento”.

Organizaciones criminales

La organización criminal pasó de ser de un grupo de asesinos de esquina de barrio a una banda más organizada, con más estrategia, liderazgo, jerarquía. Mientras que el crimen por encargo, según el sociólogo, “hace 20 años era algo muy excepcional y ahora se ha convertido en una modalidad para resolver conflictos y una estructura que da un cambio en la manera de ejecutar los homicidio de forma más creciente”, expresó.