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Los jóvenes protagonizan 57% de los delitos en el Táchira

Ilustración referencial tomada de almasenexpresion.blogspot.com
Ilustración referencial tomada de almasenexpresion.blogspot.com

Prensa Observatorio de Violencia Táchira

por Manuel Roa

Tenía 13 años cuando cometió su primer delito, es la historia de Carlos, un joven de 19 años que hoy se encuentra recluido en el cuartel de prisiones de la Policía del estado Táchira.

Carlos le da rostro a los números alarmantes del Observatorio Venezolano de Violencia durante el primer semestre de 2016, que indican que 56,59 % de los victimarios en el Táchira tienen edades comprendidas entre 18 y 30 años, cifra que llegó a 77,74 % en el mes de marzo.

Carlos, quien está siendo procesado por robo agravado de un vehículo, relata que sus primeros pasos en el delito los dio acompañado de la droga y de sus amigos, todos mayores que él y quienes ya estaban involucrados en actividades delictivas, “yo lo veía bien”, suelta entre recuerdos de su pasado.

Frase que ilustra lo que expertos catalogan como socialización negativa, representación de la diferencia de los códigos sociales que manejan estos jóvenes  con los que generalmente son aceptados por la sociedad.

“En un barrio donde los delincuentes son los que tienen mayor poder y prestigio, se establece una tipología de éxito y de medios para alcanzarlos que funciona al margen de lo establecido por la sociedad, la delincuencia no es entonces un camino extraño, sino el que parece ofrecerles mejores oportunidades de éxito a los jóvenes de sectores vulnerables”, explica la profesora Olga Ávila, coordinadora del Observatorio Venezolano de Violencia.

Realidad que se acentúa ante un proceso que el Observatorio Venezolano de Violencia cataloga como democratización de las expectativas. En su informe Violencia e institucionalidad del año 2012, el Observatorio expone que las personas comparten sus ambiciones y deseos de consumo de una manera bastante igualitaria.

Los jóvenes ricos o pobres, desean adquirir los mismos productos y las mismas marcas comerciales, pero la capacidad que tienen de cubrir esas expectativas es muy diferente, por ello buscan caminos alternativos al momento de buscar satisfacerlas.

Sin embargo, cuando intenta encontrar razones para su realidad, Carlos resalta dos conceptos claves: familia y pobreza. “Yo digo que tiene que ver mucho la familia, conozco sólo a la familia de mi mamá, a mi papá nunca lo conocí, siempre fuimos una familia inestable, y también la pobreza, la necesidad es complicada, yo estaba viviendo en La Fría, solo con mi hermana menor, no teníamos ni para comer, y con ella la guerreé, solucionábamos para la comida del diario, y robar era la salida más fácil”, explica.

La realidad de Carlos no resulta aislada: 85,7 % de la población del Táchira vive en condición de pobreza, de ellos 22 % se encuentra en la pobreza extrema, según cifras del Observatorio Social del estado Táchira.

Es así como las condiciones materiales de vida se convierten en un incentivador de las conductas delictivas. Ante la situación de pobreza los jóvenes parecen ver el delito como la vía a través de la cual pueden salir de su situación de precariedad con mayor rapidez.

“En Venezuela los jóvenes perciben pocas ganancias en las actividades legales, no hay interés en estudiar, ni en trabajar, ven mayor rentabilidad en acciones delictivas, es dinero fácil, hay recompensas inmediatas”, explica la criminóloga Ana María Rondón.

Carlos quien logró graduarse de bachiller, habla y reafirma la premisa de la criminóloga; trabajó varias veces, una zapatería fue su último empleo. Cuando se mudó de Caracas a La Fría ya no estaba interesado en trabajar, “yo ya sabía a lo que venía, ya no me gustaba trabajar, ni estudiar”, explicó.

Falta de oportunidades para el crecimiento personal a través del estudio, desigualdad, marginación social, desempleo, violencia en los sectores populares, problemas familiares, se perfilan entonces como las variables determinantes que exponen expertos y victimarios al momento de encontrarle explicación a un fenómeno que hoy abarrota las cárceles y las calles de jóvenes delincuentes.

Los peligros de una sociedad delincuente
La delincuencia juvenil no es nueva, sin embargo se registra con mayor incidencia en los últimos años, realidad que preocupa a los expertos por sus posibles consecuencias.

“Entre mayor es la incidencia de delitos cometidos por jóvenes, podemos decir con mayor certeza que estamos creando una sociedad delincuente, estos muchachos en su edad adulta en vez de ser productivos profesionalmente estarán dedicados a carreras delictivas”, explica Rondón.

El psicólogo y director del Centro de Investigaciones Populares, el sacerdote Alejandro Moreno, distingue tres momentos en la evolución de la violencia delincuencial en Venezuela y, respectivamente, tres tipos de delincuentes: el antiguo, el mediano y el nuevo. “El nuevo es, entre otras cosas, muy joven. Ingresa al mundo delictivo antes de pisar la adolescencia y a los 25 ya es una máquina de matar”, explica.

Rondón expone que los jóvenes por su naturaleza impulsiva resultan mucho más temerarios, más atrevidos, lo que se puede traducir en delitos más violentos. “Hay estudios que revelan que la impulsividad es un elemento preocupante, los delitos cometidos por jóvenes pueden llegar a ser mucho más violentos que los cometidos por adultos, quienes están más vinculados con delitos con mayor grado de premeditación”, explica

Las consecuencias no terminan allí para Rondón, pues esta realidad trastoca variables tan profundas como la productividad y el futuro del país, “la delincuencia juvenil es una grave amenaza, si gran parte de la juventud se involucra en la criminalidad, en vez de a actividades productivas, estamos hablando de un país que está destinado a la ruina”.