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San Cristóbal, ciudad en penumbras

tachira-la-patillaPrensa OVV Táchira

por Manuel Roa

Grandes avenidas y pequeñas calles en San Cristóbal se encuentran con la llegada de la noche en un rasgo distintivo, que arropa gran parte de los espacios públicos de la ciudad. Parecen esconderse tras la oscurana de un alumbrado que no hace su trabajo durante el reposo del sol.

“Antes se prohibía que las personas salieran de viaje en las noches sin luna; debían esperar hasta que llegara el creciente, de modo tal de tener más iluminación natural nocturna y por lo tanto seguridad en las calles de los poblados o en los senderos del campo”, cuenta Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, para ilustrar la importancia de la iluminación cuando se habla de seguridad.

La inseguridad en América Latina es un fenómeno urbano, explica el sociólogo, y San Cristóbal no se escapa de esta premisa: mes a mes, se mantiene como el municipio más violento del Estado Táchira -en septiembre agrupó 27,86% de los delitos, según el OVV- y las variables ambientales aparecen como causas de esta realidad. “San Cristóbal al igual que las principales ciudades de Venezuela está llena de oportunidades para el delito. La falta de alumbrado y la ausencia de espacios públicos para la convivencia, son ejemplo de esto”, indica Ana María Rondón, criminóloga e investigadora del OVV-Táchira.

Para Rondón, la noche tiene características especiales que favorecen la aparición de conductas delictivas como el robo o el hurto. “Es mucho más fácil para un delincuente cometer estos delitos en zonas oscuras, pues así se dificulta su detención por parte de los órganos de seguridad o que los vecinos logren identificarlo”.

El argumento de la criminóloga coincide con los resultados de una encuesta de Twitter hecha por Diario La Nación: 86% ha sido víctima de la delincuencia durante horas nocturnas en lugares de la ciudad sin alumbrado público.

Seguidores de Diario La Nación en Facebook describieron que Marco Tulio Rangel, los alrededores del terminal de pasajeros, parte del centro, la plaza Urdaneta, la prolongación de la Quinta Avenida y Barrio Obrero son algunos sectores líderes en oscuridad.

tachira3-la-patillaEl quiebre de la cohesión social
Con la noche, muchos usan sus casas como refugios. Pocos se atreven a aventurarse en la vida nocturna de una ciudad que, con cada farol de luz dañado, dibuja el escenario perfecto para la delincuencia. Rondón ahonda en esta realidad y asoma un concepto revelador: agorafobia. “Es el miedo de la sociedad a ocupar los espacios públicos o las calles y viene dada por los altos índices de delincuencia”, explica.
Briceño León precisa que este tipo de comportamientos diseñan un círculo vicioso, cuyo resultado en nada beneficia a la seguridad. “Tú iluminas para que los ciudadanos puedan salir de noche y sentirse cómodos y con confianza. La gente, por miedo al delito, evita salir a cenas o fiestas en horas nocturnas, hay quienes ya no viajan de noche y al reducirse la presencia de personas en las calles, estas se hacen más inseguras”.

La cohesión social es una de las variables más afectadas. Rondón la entiende como la condición que permite que se estrechen los lazos entre los habitantes de una comunidad, haya mayor respeto por los derechos de los demás y, por ende, mayor protección de unas personas hacia otras.

La investigadora expone que la correcta ocupación de espacios públicos contiene la agorafobia y la delincuencia: “Los espacios públicos sirven para el fortalecimiento de la convivencia ciudadana. En una comunidad donde los lazos de convivencia estén más fortalecidos, siempre va a haber menor incidencia de delitos”.

Ciudades latinoamericanas como Buenos Aires, Salvador de Bahía o Medellín han entendido y aplicado este tipo de estrategias, promoviendo la ocupación de espacios públicos durante horas nocturnas y creando una nueva percepción de seguridad.

En San Cristóbal, sin embargo, la política de ocupación de espacios públicos no parece ser prioridad. “La mayoría de espacios públicos están descuidados, no tienen alumbrado y no se hacen actividades dirigidas a su correcta ocupación, sino que son espacios tomados por delincuentes”, acusa Rondón.

Sin cooperación entre organismos
Cuesta entender por qué algo tan esencial como la iluminación, servicio básico de cualquier alcaldía, esté tan deteriorada en San Cristóbal. Juan Carlos Sayago, coordinador de alumbrado público de la Alcaldía de San Cristóbal, asoma algunas razones. “En las avenidas el mayor problema es el robo del cable que sirve como conductor, lo roban para vender el cobre”, comenta. No es una realidad nueva. Para contener este delito la municipalidad ha instalado cableado aéreo de aluminio, que es poco atractivo para el delincuente.

El tema presupuestario también es una de las causas que expone el encargado de iluminar la ciudad capital: “El costo de reparar una lámpara de alumbrado no baja de 50.000 bolívares el equipo. Para la alcaldía alumbrar toda la ciudad, presupuestariamente, es prácticamente imposible. Y sin colaboración de Corpoelec, menos”.

Colaboración entre organismos públicos que, para Sayago, está quebrada por razones políticas. “Hemos hecho lo imposible para recibir apoyo de Corpoelec y ellos no nos prestan colaboración. A ellos solo les corresponde la activación de los transformadores, pero cuando hay cortos no son diligentes con su reparación”.

Sayago comenta que “hay sistemas que se han arreglado y no se han puesto en servicio porque Corpoelec no ha activado los transformadores”. Precisa que en la vía al sector Chorro El Indio arreglaron el alumbrado, pero no se ha activado porque la corporación eléctrica “no quiere subir las cañas de los transformadores para activar el sistema”.

“La activación de espacios públicos debe tener un plan de cooperación entre los gobiernos municipal, estadal y nacional y lo que hemos tenido estos años ha sido todo lo contrario; el gobierno nacional no coopera si las alcaldías no le son afines”, observa Briceño León.

Así hoy San Cristóbal sigue en penumbras, ocultándose en las noches de la delincuencia que gana terreno ante el quiebre de la cohesión social. Activar la ciudad, para que sus ciudadanos salden sus deudas con las noches, debe ser el objetivo pues, como asomaron los expertos: donde la civilidad gana espacio, pierde la delincuencia.