El Universal
Thabata Molina y Laudelyn Sequera

19 de mayo 2013

Expertos consideran que el sicariato se ha vuelto un delito popular porque cada vez hay más gente dispuesta a pagar por segar la vida de otro. La impunidad también propicia estos crímenes como una manera de hacer justicia por mano propia.

En Venezuela la lista de víctimas de sicariato es larga. El hecho de que haya cada vez más personas dispuestas a matar, y otro tanto más que son capaces de pagar por quitarle la vida a otro, ha propiciado que este tipo de crimen sea parte de la cotidianidad del país. Aquí aplica uno de los principios de la ley de la oferta y la demanda.

“Mientras más violencia existe en el país, menos vale la vida de una persona. Las muertes por encargo han proliferado en Venezuela porque hay personas que se dedican a ello y hay gente que paga, sin importar lo que cueste, para que alguien cometa ese delito. Es muy difícil determinar la autoría intelectual, porque se debe probar que se hace el pago, pero está comprobado que mientras más poder adquisitivo tiene una persona, más paga por alcanzar su objetivo y mientras más importante sea la figura que se quiera matar, el sicario le pone mayor precio”, explicó el abogado criminalista Fermín Mármol García.

El experto advierte que en Venezuela ha variado la esencia de lo que era el sicariato como delito importado de Colombia y México, donde tuvo auge en la década de los noventa principalmente en casos de narcotráfico. “Si bien es cierto que los primeros casos reportados en el país ocurrieron en las zonas fronterizas, ahora se registra en todas las ciudades. Los móviles van desde un conflicto pasional, hasta simples deudas o desacuerdos personales, y la víctima no necesariamente está implicada en algún problema, sino que simplemente alguien lo manda a matar porque lo considera una manera de hacer justicia”, comentó.

La muerte viaja en moto. Cuando en 1994 se estrenó la película Sicario, del director venezolano José Ramón Novoa, la trama resultaba un tanto ajena a la realidad local. Ilustraba la manera en que las mafias de la droga entrenaban en Colombia a jóvenes para cometer crímenes por encargo. El modus operandi era dos muchachos en una moto que se acercaban a su objetivo y le disparaban hasta matarlo.

Eso fue lo que le ocurrió hace 10 días a Eduardo Antonio Cachutt Clavero, de 64 años de edad, cuando fue interceptado por dos parejas de motorizados en el momento que salía de la empresa Bera Moto, localizada en la Zona Industrial La Chapa de La Victoria. La víctima trabajaba en la empresa desde hacía 3 años y tenía apenas 20 días frente a la gerencia general de la planta.

Conducía un Ford Focus cuando los delincuentes se le acercaron y dispararon directamente a la ventana. Dos de los tiros lo impactaron en la cabeza y lo mataron de inmediato.

Marianela Paz, directora de relaciones institucionales de la corporación Kuri Sam Bera Moto, señaló que Cachutt no tenía enemigos y descartó que se tratara de una muerte por encargo, pero serán las investigaciones del Cicpc de Aragua las que determinen el móvil del crimen.

Alarmas. “Es grave ver cómo en los últimos 10 años se han incrementado este tipo de homicidios. Urge que se atiendan y resuelvan estos crímenes, porque son de los que tienen más impunidad. Quien manda a matar lo hace únicamente para evitar verse involucrado en el hecho y para eso paga. Es una ecuación que no falla: no dan la cara, nadie los ve cometer el asesinato, la víctima no lo reconoce y el crimen queda impune”, explicó el comisario Luis Godoy, ex jefe de la División contra Homicidios de la policía científica.

El experto destacó que cuando se está frente a un homicidio, los investigadores deben analizar el mayor número de hipótesis y es en el transcurso de las averiguaciones cuando se puede lograr determinar si trata de sicariato. “Cuando ves que matan a alguien y no le robaron nada, no era un secuestro, allí se prenden las alarmas, pero por eso es primordial llegar al autor material y sólo así se puede establecer la autoría intelectual”, dijo.

Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, considera que este tipo de homicidios ocurre donde no se respetan las leyes y no existe castigo, por lo que hay impunidad.

“El sicariato es sólo una vertiente de lo que sucede cuando la justicia piensa que es mejor hacer justicia por propia mano, que toma forma de muerte por encargo. Para mandar a matar a alguien no debe haber un motivo real, sino simplemente porque siente la necesidad de acabar con la vida de esa persona y sabe que la autoridad no se encargará de impartir justicia”, dijo.

Casos que sonaron

  • El 2 de junio de 2008 mataron a Pierre Fould Gerges, de 48 años de edad, en la avenida Araure con calle Amazonas de Chuao. Era hermano del presidente del periódico Reporte Diario de la Economía. Fue atacado cuando iba en un Honda Accord LX gris, placas MBI90K, con vidrios ahumados, propiedad de su hermano. Dos motorizados se le acercaron y dispararon en la ventanilla del piloto.
  • El 30 de octubre de 2008 en la tarde fue asesinada la estudiante de Educación de la Universidad de Oriente en Sucre Margaret González, de 20 años de edad. Dos hombres desde una moto le dieron tres tiros, sin mediar palabras. Las investigaciones determinaron que quien la había mandado a matar fue Maurilix Bastardo, que había dado a los sicarios 3.000 bolívares y una moto.
  • El 5 de enero de 2009 mataron al veterinario Francisco José Larrazábal, uno de los socios del Haras San Francisco, que está ubicado en el estado Carabobo. Un hombre que llegó a la finca y pidió hablar con el médico con la excusa de que necesitaba que le atendiera unos caballos, le dio tres tiros. Por esta muerte y la del periodista Orel Zambrano están enjuiciando a Walid Makled.
  • El 2 de noviembre de 2009 mataron al entonces secretario general del Consejo Legislativo de Miranda, Gustavo González. Recibió un tiro en la cabeza mientras almorzaba en el restaurante De Camoes, localizado en Los Teques, estado Miranda. Al parlamentario lo abordó un hombre que llegó al restaurante como parrillero en una moto. Utilizó un suéter de capucha para cubrirse el rostro.

El dato

El artículo 44 de la Ley Orgánica contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento del Terrorismo establece que en la modalidad de sicariato “quien cometa un homicidio por encargo o cumpliendo órdenes de un grupo de delincuencia organizada, será penado con prisión de 25 a 30 años. Con igual pena será castigado quien encargue el homicidio”.