Historias que laten
Texto: Carla Contreras
Investigación de contexto: Yohennys Briceño
Fotos cortesía: Mi Convive y Uniendo voluntades.

16 julio, 2022

Luego de décadas señaladas como epicentros de delincuencia en la capital de Venezuela, más de cinco parroquias en Caracas han sido intervenidas por iniciativas creativas que se enfocan en el arte y el deporte para incentivar la convivencia. Gracias a la participación ciudadana junto a varias organizaciones no gubernamentales, se han recuperado más de 20 canchas contra la violencia en las que la comunidad se reúne para compartir actividades constructivas

Trazos de colores vivos decoran el suelo sobre el cual se practica uno de los deportes populares en Venezuela: el baloncesto. Las líneas no solo delimitan las áreas reglamentarias para hacer los lanzamientos al aro, sino que se combinan con diseños artísticos que sobrepasan la cancha y se convierten en murales que cubren las paredes y el tablero. 

Estas canchas intervenidas por el arte no son solo para deporte, sino que se han convertido en espacios para el encuentro y convivencia de las comunidades. Todas tienen dos elementos en común: surgieron en zonas de Caracas golpeadas por la violencia y fueron construidas progresivamente con la participación de sus habitantes. 

Estos lugares empezaron a transformarse por varios proyectos de innovación social que fomentaron la sinergia entre la comunidad y organizaciones no gubernamentales.

Una de estas iniciativas es la que impulsa Mi convive, organización que empezó a trabajar en barrios caraqueños en el año 2013 con voluntarios movilizados por los altos índices de violencia y criminalidad en la capital. 

Para ese año, el Observatorio Venezolano de Violencia registró 25.000 homicidios, cifra que generó una tasa de 79 víctimas por cada 100.000 habitantes. 

La labor de Mi convive se planteó en torno a tres áreas: la asistencia a la víctimas de la violencia, la dignificación de espacios y la formación a las comunidades más afectadas en torno a políticas públicas. Pero no fue hasta hace cinco años cuando inició el proceso de recuperación de canchas en zonas populares de Caracas.

Su concepto de trabajo parte de la Teoría de las ventanas rotas, un planteamiento desarrollado por los criminólogos James Wilson y George Kelling, que propone que la violencia y los hechos delictivos son directamente proporcionales al deterioro que abunda en ellos. Este precepto hizo que la organización se planteara la recuperación física de los espacios, como uno de los primeros pasos para lograr la erradicación de la violencia. 

—Al principio las actividades solo brindaban talleres de prevención. En estos se hacen charlas informativas de cómo es la violencia, cómo se comporta en ciertos espacios y cómo hacerle frente. En estos cursos se identifican los “puntos calientes” que es como se le denomina a aquellos lugares en los que se presentan hechos delictivos. La misma comunidad los puntualiza y nosotros los establecemos como espacios potenciales para la recuperación —cuenta Kania Bolívar, coordinadora del proyecto. 

Los talleres son dictados a grupos entre 10 y 15 participantes, conformados por personas que tengan la posibilidad de replicar los conocimientos en sus comunidades. El ciclo de formación empieza con un módulo de prevención de violencia, en el que se informa sobre mecanismos para erradicarla o prevenirla. 

La segunda fase es un taller de identidad social, que busca que los participantes identifiquen los hitos de sus comunidades y afiancen su arraigo cultural a través de ellos. El último es un taller de pintura, para cubrir el conocimiento técnico necesario para el inicio del proceso de recuperación física. 

Para Javier Vera, líder popular de Artigas en la parroquia San Juan, antes de la intervención de Mi Convive existía una dependencia por parte de sus vecinos hacia la ayuda asistencialista del Estado para recuperar los espacios físicos. Nadie se involucraba en ningún proceso que tuviera alguna relación con la gestión colectiva.

—Soy miembro de la Asociación Chato Candela, desde este lugar vengo desempeñando una labor de asistencia comunitaria que consiste en conseguir recursos para ayudar a los vecinos. No solo desde el punto de vista físico, sino en el proceso de infundir valores. Desde 2019 empecé a trabajar en paralelo con Mi Convive. Ellos identificaron rápidamente la situación de violencia de nuestra comunidad y empezaron a trabajar para erradicarla a través de los talleres y la recuperación de espacios. Nuestra tarea ha sido mantener los objetivos alcanzados —cuenta Javier. 

—Al incentivar a la comunidad a recuperar estos espacios que son de ellos, para su propio uso, buscamos generar una identidad colectiva y sentido de pertenencia, para que ellos puedan encargarse de continuar con un espacio seguro. Al recuperar estos espacios para el encuentro, el deporte y la cultura, nos aseguramos de generar la participación y si esta no existe cuando llegamos a la comunidad, hacemos procesos de formación hasta lograrla —detalla Kania.  

En lo que va de año esta organización ha realizado diez talleres de prevención de violencia, tres de identidad social y cuatro de pintura. Estas actividades formativas beneficiaron a un total de 213 personas de forma directa. 

Mi Convive ha recuperado 20 canchas en los sectores: Caricuao, Sucre, Antímano, Coche, El Paraíso, La Pastora, El Valle y La Vega. Sus estudios cuantitativos estiman que por cada espacio recuperado se benefician al menos 900 personas.

Unir voluntades para desplazar la violencia

La ONG Uniendo voluntades lleva doce años recuperando espacios, a través de distintos métodos de dignificación estructural en la inmensidad de la comunidad de Petare. Uno de sus principales proyectos fue inaugurado en 2021 en el sector Mata de Palo, en San Blas. Allí se recuperó una cancha  que ahora funciona como espacio social, deportivo y cultural del barrio. En este proyecto participó el arquitecto Carlos Meyer, el muralista Fabián Solymar “Dagor” y la Embajada de Francia en Venezuela.

—Yo crecí viendo el arte muy de cerca, tocándolo, entendiéndolo, mirándolo. Desde siempre entendí la importancia de tener arte en nuestros barrios. Así que empezamos a pintar murales en espacios que solían ser vertederos de basura y en canchas deportivas. Dándole este apoyo al barrio para que visualmente sea más amable, hemos logrado que desde el color y la forma, estos lugares se hayan convertido en paradas de la ruta cultural que tenemos en Petare y que vengan visitantes de otros lugares de Caracas, del país y hasta de otras latitudes del mundo —explica Katiuska Camargo, líder de la organización. 

Con una metodología de participación y formación ciudadana se ha logrado no solo la recuperación de la cancha, sino la concentración en ella de al menos 200 niños y adolescentes por día. Según los promotores del proyecto, muchos de los visitantes se aproximan para buscar inspiración y tener una prueba de que sí se pueden rescatar espacios en Venezuela desde las comunidades. 

—Una de nuestra intenciones en este proyecto es que la gente concientice que no tenemos que esperar que el papá Estado resuelva los problemas. Como habitantes de los sectores humildes estamos muy claros de que los políticos solo se acercan a la zona cuando hay elecciones, solo somos una cuota de votos que quieren asegurar. Por eso nosotros debemos hacernos responsables del cambio en nuestros sectores —agrega Katiuska.

Arte en las canchas más allá de la capital

El concepto de organizaciones como Mi convive y Uniendo Voluntades se repite en otras organizaciones que también funcionan en el interior del país. Una de ellas es Compromiso compartido, una ONG que tiene tres años de fundada y que a través de alianzas y del comité de su proyecto llamado Reconciliación Nacional, ha recuperado un par de canchas. Una en Barquisimeto, en la comunidad de la Carucieña y la otra en la comunidad Brisas de Carabobo, en Valencia.

Su propósito es promover intervenciones artísticas en algunas paredes de las comunidades. Así lo hicieron en la parroquia 23 de Enero, en el barrio La parrilla de Petare y en Acequia en Antímano, tres comunidades de la capital venezolana. 

Referencias modelo en la región

Medellín es una de las ciudades latinoamericanas en las que se puede observar más claramente la incidencia de la recuperación de espacios públicos, con la participación ciudadana, en la disminución de la violencia. Uno de los exponentes principales de esta premisa es la Comuna 13 de San Javier, un sector profundamente afectado por la actuación de grupos paramilitares durante el siglo XX. 

Desde finales de los años 90  y principios del nuevo milenio, se promovieron cambios estructurales para mejorar la vida de las personas de este sector, tanto desde el gobierno como a través de organizaciones no gubernamentales. Empezaron por dignificar el transporte y la movilidad, y posteriormente iniciaron la recuperación de espacios a través de jornadas de limpieza e intervención artística. Esto ha hecho que, a la fecha, la Comuna 13 de Medellín se haya convertido en uno de los  lugares turísticos más visitados de Latinoamérica.

Existen otras organizaciones en la región que promueven la recuperación de espacios de la mano con las comunidades para erradicar la desigualdad. Una de ellas es Ocupa tu calle, que ha logrado más de 40 intervenciones en Lima, Perú. También destaca el caso de la ONG mexicana llamada Fundación Vinte, dedicada a la recuperación de espacios deportivos y de encuentro comunitario.

El trabajo apenas inicia

Pese a los logros que han mostrado estas organizaciones en su labor por disminuir los índices de violencia, todavía queda un largo trecho por resolver.

A continuación se presentan las cifras más recientes de violencia en la capital de Venezuela:

  • En 2021, el Distrito Capital se ubicó como la entidad más violenta del país con una tasa de 77,9 víctimas por cada cien mil habitantes. Fuente: Observatorio Venezolano de Violencia.
  • En el 2021, los delincuentes cometieron diariamente 8,5 homicidios, los cuerpos policiales mataron a 6,3 personas diarias por resistirse a la autoridad. No hubo esclarecimiento de un promedio de 11 víctimas fatales, las cuales quedaron clasificadas como muertes en averiguación, y cada día del año fueron denunciadas por sus familiares la desaparición de 4,4 personas. Fuente: Observatorio Venezolano de Violencia.
  • En 2021, Venezuela fue el segundo país más violento de la región. Y Caracas se posicionó como una de las ciudades con las tasas de homicidio más altas del mundo. Fuente: Insight Crime.
  • Los estados del país en los que se registraron más asesinatos fueron: Distrito Capital, Lara y Táchira. Fuente: Monitor de Víctimas.

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